Los cinco puntos del calvinismo (II): Depravación total

«Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.» (Romanos 7:19)

«Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.» (Romanos 3:10-12)

En el mundo actual, hablar del pecado es hablar de algo totalmente pasado de moda. Es más, si alguien se atreve a pronunciar esta palabra en público, lo tomarán por un fanático anticuado, del cual hay que huir como si de de un leproso se tratara.

Pero yo diría que esta palabra no sólo no está pasada de moda, sino que está más vigente que nunca. Aunque el pecado siempre ha existido, como a continuación veremos, es posible que nuca su existencia haya sido tan ignorada como en la actualidad. Muy poca gente tiene conciencia de pecado, ellos creen que son «buenos» y que no pecan. Nada más lejos de la realidad.

Los cinco puntos del calvinismo (I)

Actualmente en el campo teológico hay dos grandes grupos claramente diferenciados: el calvinismo y el arminianismo.

El sistema calvinista deriva de la teología de Juan Calvino, teólogo y reformador francés que vivió en el siglo XVI y que, además de dirigir los destinos de la ciudad suiza de Ginebra, posee una magna obra teológica.

La teología calvinista se centra en la soberanía de Dios, y en su Palabra, de la cual se debe derivar todas las creencias de los cristianos.