El canon del Nuevo Testamento

Llamamos canon al catálogo o libros que forman parte tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. El reconocimiento de los libros que formaron el canon del Antiguo Testamento fue mucho más dilatado en el tiempo, por el simple hecho de que la diferencia entre las fechas de escritura del primer libro del Antiguo Testamento y el último es mucho mayor en el Antiguo Testamento que en el Nuevo Testamento. De todas maneras, el proceso de reconocimiento fue muy similar, tal y como dijo el escritor judío Josefo: [los libros del Antiguo Testamento] «se impusieron al consenso general de Israel como órdenes de Dios».

La Iglesia post-apostólica utilizó los siguientes criterios para reconocer si un libro formaba parte del canon de libros inspirados del Nuevo Testamento o no:

  • Se consideraba que el libro había sido escrito bajo inspiración divina.
  • Si el libro había sido escrito por un Apóstol.
  • El libro poseía unidad de doctrina, no sólo interna, sino con el resto de la Escritura.
  • Si se sabía quién era su autor o grupo de autores (Iglesia local, apóstol...), la fecha de Escritura; en definitiva, si se sabía cuál era el origen del libro.

Aunque, eso sí, no todos los criterios eran determinantes para la formación del canon. Sí lo eran la inspiración divina, pero no fue requisito que el libro estuviera escrito por un Apóstol, sino que podía haber sido escrito por colaboradores; así por ejemplo la Epístola a los Hebreos no fue escrita por ningún Apóstol, y por eso en los primeros estadios del reconocimiento del canon hubo dudas sobre incluirla o no, aunque finalmente se incluyó.

Es importante entender que la Iglesia no canoniza ni dice los libros que forman parte del canon, sino que reconoce aquéllo que el Espíritu Santo ya había comunicado a su Iglesia y era reconocido por los cristianos. Los libros que forman parte del canon están en el canon, en consecuencia, por sí mismos, y no porque nadie diga que tienen que ser reconocidos como canónicos. Es importante aclarar este hecho porque la iglesia católica y romana afirma que el canon fue establecido por ella en sus concilios, por lo que los reformados estaríamos siguiendo las resoluciones de concilios sin saberlo, aceptando de forma implícita la autoridad que nosotros negamos y ellos afirman.

Hay que aclarar, en primer lugar, que la Iglesia de los primeros siglos nada tenía que ver con la Iglesia católica-romana actual, por lo que en ningún caso se podría deducir que la aceptación de resoluciones de aquellos concilios deriven en que tenemos que aceptar la actual iglesia católica-romana. Aún así, negamos que estemos aceptando resoluciones de esos concilios, no sólo porque el canon no fue establecido por ningún concilio, sino porque ya se había reconocido varios siglos antes a la celebración de esos concilios.
En segundo lugar, los concilios que la iglesia romana aduce (sínodo de Roma o concilio de Cartago) eran concilios locales sin ninguna autoridad, según la misma y actual doctrina romana. Para el romanismo sólo son vinculantes los Concilios Ecuménicos (como los de Nicea o Constantinopla, entre otros), por lo que no tiene sentido afirmar que un Concilio que, según ellos no es vinculante para toda la cristiandad, haya establecido un canon bíblico vinculante para toda la cristiandad.
En tercer y último lugar, estos concilios se celebraron en los siglos IV y V, respectivamente, varios siglos después de que el canon estuviese ya reconocido, por lo que lo que realmente hicieron no fue establecer ningún canon, sino reconocer lo que ya todos los cristianos -a excepción de algunos herejes- afirmaban.

A modo de ejemplo, podemos citar el caso de Marción, un hereje nacido a finales del siglo I que rechazaba gran parte de los evangelios y otras porciones del Nuevo Testamento. La Iglesia le condenó no sólo por sus doctrinas, sino por rechazar libros que la Iglesia ya reconocía en el siglo I y II como parte del canon del Nuevo Testamento. Esto demuestra que ya muy pronto la cristiandad tenía una lista de libros que confesaban ser Palabra de Dios.