Feliz Navidad

Un año más llega la Navidad, época de felicidad y alegría para todos. Lo que conmemoramos en Navidad es el nacimiento de Jesucristo; pero ¿por qué celebramos su nacimiento? ¿Qué importancia tiene para nosotros ese niño que nació en Belén hace más de dos mil años?


Jesucristo es la esperanza del Mundo porque como está escrito “como éramos incapaces de salvarnos, en el tiempo señalado Cristo murió por los malvados” (Ro. 5:6). De esta manera su nacimiento no es más que la llegada de la Salvación al Mundo. Salvación del mal, de los errores, del dolor y el egoísmo. ¿Qué tiene que ver todo esto con nosotros hoy en día? Mucho, la verdad, porque en el fondo, cuando celebramos la Navidad todos nos esforzamos por ser mejores y ayudar a nuestros semejantes, dejando claro que en realidad este no es nuestro comportamiento natural. Desgraciadamente el egoísmo, el mal y la frustración nos rodea y nos arrastra. No hay más que ver la sociedad, la situación económica, laboral, política, etc., etc. No obstante el problema no está fuera de nosotros, está dentro. Como está escrito “No hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Todos se han descarriado, a una se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo! (Ro. 3:11-13). ¿Por qué tuvo que morir Jesús en una cruz en nuestro lugar? Porque si todos nosotros no hacemos siempre lo bueno desgraciadamente seremos culpables de lo malo que hacemos y, tarde o temprano, tendremos que rendir cuentas ante quien nos hizo: Dios. Así leemos que “la paga del pecado es la muerte” (Ro. 6:23) pero el regalo de Jesús es la vida eterna como está escrito “mientras que el regalo de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Ro. 6:23). Así que sabemos que Jesús muere en nuestro lugar para que no tengamos que recibir el justo castigo, si no el regalo inmerecido de la Salvación eterna. Así leemos que “Difícilmente habrá quien muera por un justo, aunque tal vez haya quien se atreva a morir por una persona buena; pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Ro. 5:7-8)

Por ello cuando celebramos la Navidad sentimos la esperanza del fin de todo mal que llega con el nacimiento de Jesucristo. No estamos condenados a vivir en el pesimismo y la frustración y el mal; ya que en Jesús hay esperanza. Si creemos que Él puede salvarnos de nosotros mismos, del mundo que nos rodea y de lo que pueda venir tras esta vida, como está escrito, “ya hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Ro. 5:1)

Este año cuando celebremos la Navidad acordémonos y busquemos a Aquel por quien se celebra. Miremos con otros ojos a ese pequeño Niño que yace en el pesebre de Belén.