¿Europa es Judá?

«Porque grande ira del Señor es la que ha sido encendida contra nosotros, por cuanto nuestros padres no escucharon las palabras de este libro, para hacer conforme a todo lo que nos fue escrito» (2 Reyes 22:13)

 

En los últimos años parece que revive un movimiento de evangelización que centra sus esfuerzos en Europa. A estas alturas muchos se preguntarán si Europa necesita de nuevo ser seducida por Cristo. La realidad es que este continente se jacta de ser cristiano, está impregnado de simbología y arte cristiano y su cultura dice estar ligada al devenir del cristianismo. De hecho Europa ha sido durante siglos el motor de la fe cristiana, la cuna de grandes teólogos y de hombres y mujeres muy importantes para la Iglesia. Desgraciadamente el pasado cristiano de Europa no ha pervivido en el presente.

Leemos en la Biblia (2 Reyes 22-23) que el Rey Josías, de Judá, al encontrar un rollo de la Torá (la Ley) en el Templo redescubrió la Alianza de Dios con su pueblo. Al ver como Judá se había desviado de los preceptos y mandamientos de su Dios descubrió el enorme pecado en el que habían incurrido durante muchas décadas. Con la convicción de realizar una auténtica tarea reformadora, se dispuso a eliminar todo culto pagano y establecer de nuevo pacto entre Dios y el Pueblo. Desgraciadamente, el Señor estaba ya muy lejos de perdonar a su pueblo, al que había llamado al arrepentimiento multitud de veces anteriormente. Ahora llegaba el turno para el Juicio divino. Además, la pretendida reforma religiosa de Josías murió con él mismo y no fue mantenida por sus descendientes.

Siglos de convivencia con el ateísmo, el secularismo, las religiones falsas y un cristianismo adulterado que algunos llaman catolicismo romano, han convertido a la Europa cristiana en una hábil imitadora de la Judá de los tiempos de Josías. En medio de una gran crisis económica, moral e institucional algunos claman por una vuelta a los valores cristianos. Desgraciadamente, el revestir a la sociedad post-cristiana europea de valores bíblicos no es suficiente. El Señor demanda de cada ser humano la conversión y depositar su confianza en la obra de Cristo. La salvación del hombre no viene del moralismo bienintencionado. La única manera de escapar a la muerte, la crisis y la autodestrucción de Europa, y los europeos, es la conversión sincera de los hombres y mujeres que la componen.

Es muy importante que demos a conocer a Cristo a los hombres de nuestro siglo. De nada sirve que busquemos moralizar si no hablamos de la Gracia, el pecado, el infierno y la Salvación en Cristo Jesús. Es obligación de todos los creyentes verdaderos el reflejar el amor de Cristo en nuestras vidas y predicar y enseñar la pura Palabra de Dios. Sólo Él sabe si estamos ante las puertas de un avivamiento en Europa o del más severo juicio de Dios como lo estuvo una vez Judá.