Tal como soy

"Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Juan 8:31-32)


No hace muchos días reflexionaba sobre la capacidad de los seres humanos de actuar frente a otras personas. Me di cuenta que era muy fácil interpretar un papel que no corresponde con lo que realmente somos. De hecho, la mayoría de personas actúan frente a otras de forma que esconden sus emociones, impresiones o sentimientos.

El penoso trabajo de muchos seres humanos de fingir ante la sociedad se cobra cada año más y más víctimas que acaban sumidas en la depresión, la ansiedad o la insatisfacción. Las enfermedades mentales y del alma no son un invento del siglo pasado, siempre han existido, pero ha sido durante los últimos cincuenta años que han resurgido con fuerza, impactando a la sociedad occidental. La hipocresía como forma de vida nos conduce a graves problemas. No tan sólo causa neurosis y depresión, si no que es germen de la insatisfacción personal y de odio a uno mismo.

Jesucristo es el gran ejemplo de la liberación personal, y entiéndaseme bien, no me refiero a lo que se conoce vulgarmente como teología de la liberación. Cristo no fue una persona liberada de sus obligaciones para con Dios y su prójimo. La vida de Cristo fue un ejemplo de transparencia, a eso llamo liberación personal. Nuestro Señor no se dejó dominar por convenciones sociales ni por modas. Él tan sólo respondía al amor a su Padre y a sus semejantes. Con su ejemplo se marcó la senda a seguir de aquellos que han de ser llamados por Dios para ser hijos suyos.

Muchas veces hemos hablado de como el Señor padeció la muerte en la cruz para salvación de los pecadores. Ahora queremos hablar de la cruz que has de tomar tú. Dios mismo te pide que tomes tu cruz, que te despojes de lo falso y accesorio, abandones toda la hipocresía, y entregues tu vida a Cristo. Cuando en amor y esperanza vivas en la fe de Cristo, cuando reconozcas que en Él eres realmente libre, podrás deshacerte de todo lo falso y accesorio en tu vida.

Cada uno de nosotros hemos sufrido el temor a que el resto de personas conozcan nuestros terribles secretos, defectos, debilidades, inseguridades y miedos. Todo esto forma parte de nuestra naturaleza herida por el pecado. En Jesucristo todo esto muere irremediablemente para dar lugar a un nuevo nacimiento. Un renacer a la Verdad, a la Libertad en Dios. Naciendo de nuevo puedes ser libre para ser tal como eres en Cristo. Esta libertad no te llevará a seguir siendo esclavo del pecado, la muerte o la imperfección. Con la libertad en Cristo ganarás el poder de seguir a Dios y su mandato de amor.
Deshecho del hombre viejo ahora serás libre en Cristo y podrás gritar que eres de Jesús. La libertad de servir a Dios es el mayor privilegio que puede recibir una persona y es la libertad que tu alma está soñando.


Tal como soy de pecador,
Sin otra fianza que tu amor,
A tu llamado vengo a Ti:
Cordero de Dios, heme aquí.

Tal como soy, buscando paz,
En mi aflicción y mal tenaz
Combate rudo siento en mí:
Cordero de Dios, heme aquí.

Tal como soy, con mi maldad,
Miseria, pena y ceguedad;
Pues hay remedio pleno en Ti:
Cordero de Dios, heme aquí.

Tal como soy me acogerás;
Perdón y alivio me darás;
Pues tu promesa ya creí:
Cordero de Dios, heme aquí.

Tal como soy, tu compasión
Quitado ha toda oposición;
Ya pertenezco todo a Ti:
Cordero de Dios, heme aquí.


Himno de Charlotte Elliot