Dando fruto en la vida

"Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas" (Juan 10:11)

 

Cada persona de este mundo ha sido creada por Dios para un propósito concreto que, en la mayoría de los casos, pasa inadvertido para el propio afectado. La tarea de cada uno de nosotros es encontrar su objetivo en la vida y el motivo por el cual Dios le ha creado.

Muchos pueden pensar que están destinados para realizar grandes proezas, otros simplemente pueden creer que su existencia es simplemente un mero trámite, para una gran mayoría la vida carece de un sentido propiamente dicho. No hace demasiado tiempo recordaba como mi propia vida había cambiado de forma sustancial en 4 años. El tiempo pasado me había hecho madurar y entender muchas cosas que me habían ocurrido. Sin el pasado no podría existir en futuro y el presente.

Descubrir el sentido de la vida puede ser complicado para muchas personas pero en realidad Dios nos da pistas. Nuestra propia experiencia vital corresponde con un plan concreto de Dios, que pasa por mostrar su Gloria en nuestros hechos buenos y el rostro del pecado en las conductas reprobables. No podemos pensar que toda nuestra vida va a mostrar un destello único de bondad divina, ya que en muchas ocasiones brillaremos con la luz oscura del pecado; pero sí que es verdad que podemos encontrar nuestro camino en la vida en manos de Dios.

Hace muchos años mi vida estaba guiada por el egoísmo y el pecado, incluso mis acciones altruistas no eran más que otra forma de buscar mi alegría y paz espiritual. Todo cambió, y lo digo sin caer en clichés, cuando conocí a Jesucristo leyendo la Biblia. Él puso un espejo delante de mi alma y me enseñó todo lo bueno y todo lo malo que tengo dentro. Lo cierto es que muchas cosas no me gustaron y sentí como mi vida carecía de sentido; pero entonces Él me enseñó un camino para dar sentido a mi vida y esperanza a mi alma: el amor a Dios y al prójimo. Este amor empezó con la entrega total a Jesucristo, que murió en la cruz para pagar por todo aquello que hago mal en mi vida. Me entregué a Él para que me cuidase como un pastor a sus ovejas. Así me siento hoy en día, como una oveja de Cristo, como un pequeño animal que necesita de su Señor para ser mejor cada día.

Lo importante en nuestra existencia no es lo que hagamos con nuestras vidas, ni el propósito que nos propongamos, esto carece de importancia cuando pensamos que lo que verdaderamente importa es lo que Cristo hace con nuestra vida. Cuando el Señor nos llama sentimos protección y sosiego y la tranquilidad de que nada nos pasará. Entonces podemos continuar viviendo, siguiendo la voz de nuestro Pastor Jesucristo, haciendo lo que Él nos prepara por nuestro bien. Obedecer a Cristo nos da alegría porque nos cubre de amor.

Gracias mi Pastor por permitirme ser una oveja tuya.