Miedo

"La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo." (Juan 14:27)

 

Enfermedad, muerte, soledad, abandono, separación, pérdida de trabajo, amenazas, inestabilidad, catástrofes naturales, son tantos los peligros que nos rodean que es difícil no sentir miedo en algún momento de nuestras vidas. El miedo nos paraliza, nos hace mudar el color de la piel, trastorna nuestros sentidos, nos embota el pensamiento. Ante el miedo podemos huir, enfrentarnos o dejarnos vencer pero tarde o temprano acabamos siendo presa de él.

Yo me considero una persona miedosa por naturaleza, tiendo a ser paralizado por el miedo a aquello que no puedo controlar. Son muchas las veces que he orado a Dios presa del miedo. Desde bien pequeño he buscado a un Dios que me apartase del miedo, que me diese fuerzas en la oscuridad de la noche, que me confortase en la soledad de la vida. Por mucho tiempo lo busqué sin lograr dar con Él hasta que, un maravilloso día, leí la Biblia (la Palabra de Dios) y conocí a aquel Dios que también sintió miedo como yo, pero que lo venció en la Cruz, y que ahora me reconforta cada día.

El miedo aún me acecha, como un peligro más en la vida, pero ahora tengo a Quien no me deja sólo ante él, a mi amado Jesucristo. Bendito sea por los Siglos de los Siglos. Amén.