La brujería hoy (II)

«Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón. Y ejerce toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella, y hace que la tierra y los moradores de ella adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada. También hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres.» (Apocalipsis 13: 11-13)

 

Existen dos posturas que se han sostenido a lo largo de la historia de la Iglesia sobre la brujería. Por un lado, tenemos a aquellos que defienden la existencia de un mundo sobrenatural que actúa en colaboración con las brujas. De esta manera, brujas y brujos pactarían y trabajarían mano a mano con las fuerzas de Satanás y sus huestes. Por otro lado, otro grupo de teólogos consideraría la brujería como un intento del hombre de conseguir los favores del Maligno y sus secuaces; pero que carecería de respuesta por parte de éste y, por tanto, sería una práctica irreal e ilusoria. La mayor parte de teólogos reformados se han decantado por la creencia en pactos reales entre los hombres y Satanás; por lo que la brujería sí que capacitaría al hombre para realizar actos sobrenaturales.

Sea como fuere, lo cierto es que las brujas y los brujos se creen capaces de utilizar en su favor los poderes del mundo sobrenatural. Es por ello que se lanzan a la práctica de «artes» como la adivinación, la lectura del futuro a través de las cartas, la quema de velas e incluso la invocación de muertos y poderes infernales. De esta manera quebrantan las Leyes de Dios y buscan la ayuda del Maligno para su propio provecho.

La brujería lleva a la persona a buscar su propio provecho, a desafiar a la divinidad y a intenrar «extorsionarla» a través de sus actos mágicos. No sólo eso: también busca la alianza con el Enemigo del Bien Supremo para conseguir sus metas. Lo peor de todo es que ellos creen que este tipo de actos no tienen consecuencias serias para su vida. Desconocen que el Maligno busca que toda criatura le adore, le obedezca y anule su personalidad en favor de un culto a su persona y su obra de odio y pecado.

Cada vez que alguien se inicia en la brujería está entregando su vida en los brazos de Satanás, el autor del pecado y del odio. Él puede creer que está buscando el amor y la paz interior; pero la realidad es que lo único que va a conseguir es placer vano y amargura. Tarde o temprano Satanás lo utilizará y lo reducirá a un mero esclavo de sus deseos. Quiera Dios que ninguna de las personas que está leyendo estas líneas haya caído en manos de la brujería. No obstante, si estás enredado en las mentiras de Satanás, aún hay una oportunidad para escapar de su red. Jesucristo te espera con los brazos abiertos, con el perdón y el amor infinito capaz de liberarte de la esclavitud del mal.

Puedes creer que eres libre siguiendo los preceptos de la brujería, pero a la larga descubrirás que sólo eres un esclavo de tus deseos y aún entonces, Cristo, el Señor, estará esperandote en la Cruz para salvar tu preciosa vida.