La brujería hoy (I)

«Cuando entres en la tierra que te da el Señor tu Dios, no imites las costumbres abominables de esas naciones. Nadie entre los tuyos deberá sacrificar a su hijo o hija en el fuego; ni practicar adivinación, brujería o hechicería; ni hacer conjuros, servir de médium espiritista o consultar a los muertos. Cualquiera que practique estas costumbres se hará abominable al Señor, y por causa de ellas el Señor tu Dios expulsará de tu presencia a esas naciones. A los ojos del Señor tu Dios serás irreprensible.» (Deuteronomio 18:9-13)

En poco más de un siglo las sociedades occidentales han pasado de condenar el fenómeno de la brujería a tolerarlo como si se tratase de una creencia más. La imagen de la brujería como una fuerza negativa opuesta al cristianismo parece que se ha diluido para dejar paso a una imaginería mucho más inocente. Si bien es cierto que el satanismo directo es ampliamente rechazado, la brujería es vista con buenos ojos por diversos motivos.

Hoy en día incluso podríamos hablar de una brujería hogareña, que vendría a reflejarse en el aumento de las creencias paganas de raíces mágicas europeas. Mucho se ha escrito y se escribe sobre cuál es el origen del movimiento de la brujería moderna. Algunos lo conectan con las tradiciones precristianas, otros prefieren considerarlo como de reciente creación. En todo caso es innegable que cada vez está más extendida socialmente la creencia en fuerzas sobrenaturales, el uso de olores, colores y velas con fines mágicos y la creencia en dimensiones espirituales. Si bien la mayoría de las personas que profesan creencias de este tipo se limitan a tirar las cartas, encender velas o a utilizar amuletos, no es menos cierto que otros traspasan la frontera de la magia «blanca» hacia la negra. Sobre este punto más adelante veremos también si puede existir una magia buena.

Recomiendo la lectura de un pequeño libro del pastor reformado y periodista José de Segovia titulado «Ocultismo» donde se pueden ver ejemplos ilustrativos de personajes famosos ligados con este tipo de creencias. Es cierto, como dice De Segovia, que Satanás no tiene mayor influencia sobre el Mundo que la que que Dios quiera darle y que, en ese sentido, no supone una amenaza desproporcionada en contra de los hijos de Dios. De todas formas tampoco podemos llevarnos a engaño y pensar que las brujas «domésticas» del siglo XXI son totalmente inofensivas.

No pretendo analizar en este artículo el corpus de creencias de la brujería moderna; pero si que me gustaría dedicar una serie de artículos a reflexionar sobre la influencia de las artes mágicas en la sociedad europea post-cristiana y el efecto perverso que ejerce sobre las personas que se someten a sus creencias. La mayor parte de personas involucradas en la brujería no son conscientes del perjuicio que ésta causa a sus vidas.

Dios en su Ley nos prohibió la brujería para preservarnos del mal que lleva aparejado. El uso de la magia, sea real o fingida (como veremos en próximas entregas) tiene unas consecuencias inesperadas.