Grupo de Puritanos

"Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?" (2 Corintios 13:5)

"Escudríñame, oh Señor, y pruébame;examina mis íntimos pensamientos y mi corazón." (Salmo 26:2)

 

Los puritanos, un grupo de cristianos ingleses del siglo XVI y XVII –los creyentes más íntegros y que más amaron la Palabra de Dios en su tiempo- que lucharon por la Reforma de la Iglesia de Inglaterra, creían en la importancia de practicar el autoexamen diario. Ciertamente no se trataba de una doctrina que ellos mismos habían inventado. Firmemente aferrados a la Biblia, y profundamente entregados a Cristo, sabían de la importancia que la Palabra de Dios otorga al examen constante de la propia vida. El objetivo de examinar cada día los actos realizados, los pensamientos y las acciones residía en poder comparar sus conductas con la que esperaba el Señor de ellos.

 

Actualmente el ejercicio del autoexamen es muy necesario. De hecho, los descendientes espirituales de aquellos puritanos ingleses, entre los cuales nos contamos los que estamos detrás de Peregrino Reformado, somos conscientes de la necesidad de autoexaminarse a la luz de la Palabra de Dios. Este ejercicio cotidiano nos ayuda a corregir vicios, apartarnos de la senda del pecado, mejorar nuestra vida espiritual y, sobre todo, ser más semejantes a Cristo, en definitiva crecer en santidad.

Es muy importante que el ejercicio del autoexamen vaya acompañado de la autocrítica, y todo ello bajo la guía del Espíritu Santo. Sin ella es muy fácil caer en el orgullo y en el pecado. La autocrítica nos ayuda a colocar nuestra conducta a la altura de los hechos que nos rodean. Cuando ejercemos la autocrítica somos capaces de dar el valor exacto a las acciones realizadas y mejorarlas en próximas ocasiones.

Aprendamos de aquellos puritanos a realizar con asiduidad exámenes de conciencia y críticas constructivas de nuestras acciones. Todo esto nos permitirá ser, cada día, más parecidos a Nuestro Señor Jesucristo.