La televisión destruye

"Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche." (Salmo 1: 1-2)

 

En nuestro hogar disponemos de un televisor grande que permite ver muchos canales, seguramente como en la mayoría de hogares el mundo. Lo que ya no es tan habitual es que el nuestro permanece la mayor parte de la semana apagado. Ciertamente no es que nunca veamos películas, series o informativos; la realidad es que preferimos ver cosas seleccionadas que realmente sean edificantes.

Un medio de comunicación como este, tan extenso y polivalente, tiene muchos usos virtuosos para un cristiano, pero a la vez sirve como un vehículo del mal y el pecado. Si la encendemos un día cualquiera a cualquier hora podremos ver sexo, cotilleos, mentiras, telebasura, violencia, muerte, maltrato, ateísmo y un largo etcétera. Realmente un contenido muy poco recomendable para el individuo o la familia cristiana.

Mi consejo es seleccionar el contenido que vamos a ver y, a ser posible, que sean series de temática cristiana, o cuando menos que enseñen valores positivos, además de ver películas de contenido edificante o temática bíblica y cristiana. Son muchas las opciones que tenemos para ver buen cine o televisión, sin necesidad de sufrir maltrato moral e intelectual. De todas formas, antes de ver algo que pueda dañarnos, es mejor apagar la tele y pasar el tiempo libre leyendo un buen libro y meditando en la Palabra del Señor.