Altar familiar

"Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público" (Mateo 6:5-6)

Para los cristianos no hay día tan importante como el Día del Señor, el domingo, cuando nos acercamos a nuestros templos e iglesias para adorar a Dios, tomar la Santa cena, mantener la comunión con los hermanos en la fe y escuchar la Palabra de Dios. A pesar de ello, y como bien dice Juan Calvino en la Institución de la Religión Cristiana, todo cristiano ha de ser consciente de que no hay un día más especial que otro para orar al Señor y rendirle culto. Es por ello que es muy recomendable, para mantener una vida sana espiritual y una familia cimentada en los principios bíblicos, apartar un día a la semana para adorar a Dios y compartir nuestras experiencias.

La familia, o en todo caso la persona que vive soltera, tiene la necesidad de adorar a Dios y meditar en aspectos de su vida cotidiana que reflejan el actuar diario bajo los principios de la Biblia. Muchas veces nos encontramos con personas que están preocupadas porque muchas de sus conductas, a su juicio, no encajan en el ideal cristiano y necesitan de ese tiempo de compartir con el Señor las debilidades diarias. A esto añadiríamos que la adoración privada, que Nuestro Señor Jesucristo nos recomienda, es el vehículo perfecto para presentarle al Padre todas nuestras peticiones y contarle nuestros problemas.

El Señor no sólo se deleita con el culto de adoración público de los domingos. También nos demanda que le adoremos en la intimidad, en el seno personal o familiar.

Hagamos de nosotros mismos o de nuestras familias un altar para Dios; si no todos los días, al menos un día a la semana. ¿Qué tal si lo hacemos hoy?