Empezamos una serie de artículos que van a analizar diversas facetas y aspectos importantes del matrimonio desde una perspectiva cristiana bíblica. Estos artículos se basan en tres fuentes fundamentales que, en orden de importancia, son: la Palabra de Dios, la experiencia propia como esposo y la consulta de literatura específica científica.

El matrimonio con minúsculas

Desde hace muchas décadas hemos asistido a una degradación constante del matrimonio. No me refiero a la institución jurídica del matrimonio en sí, si no más bien al concepto íntimo que de éste se tiene entre los contrayentes.

Jesucristo y la adúltera, por Cranach

"Mas el que comete adulterio es falto de entendimiento; Corrompe su alma el que tal hace." (Proverbios 6:32)

"Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios" (Marcos 7:21)

 

Es de sobra conocidos por todos la noticia del escándalo que envuelve al primer ministro de Irlanda del norte, Peter Robinson, hermano en la fe en Cristo. Mucho se ha escrito de las consecuencias políticas pero poco, muy poco, de las humanas y nada, o casi nada, de las espirituales.

El matrimonio cristiano

«Yo soy de mi amado, y mi amado es mío.» (Cantar de los Cantares 6:3)

 

No hace muchos días hablaba con unos amigos acerca del matrimonio y sus implicaciones. Como cristianos siempre buscamos la centralidad del mensaje bíblico en todos los aspectos de nuestras vidas y uno, muy importante, es la vida matrimonial.

El matrimonio puede abordarse desde muchas perspectivas: desde el punto de vista del pacto, como si se tratase de un contrato civil, como si fuera una unión de carácteres... No obstante, desde un punto de vista bíblico, es necesario abordarlo doblemente, a saber: como unión mística y como pacto entre personas. De todas formas, estos dos aspectos no son contrapuestos, son dos aspectos complementarios que se unen armoniosamente.

Job y su familia, por William Blake

"Mas también si te casas, no pecas; y si la doncella se casa, no peca; pero los tales tendrán aflicción de la carne, y yo os la quisiera evitar" (1 Corintios 7:28)

 

Muchas veces la persona soltera se enfrenta al dilema de si debe o no formar su propia familia. Como cristianos debemos plantearnos cuál es la opinión al respecto de Dios, y ésta sólo podemos hallarla en la Biblia.

Para Nuestro Señor la familia es santa y buena para todos. Ante el estado solitario del hombre, o la mujer, el Señor nos invita a formar un matrimonio y, si se da el caso, una familia más extensa. Esto no quiere decir que Dios rechace otras formas de convivencia siempre y cuando entendamos que la referencia absoluta es la familia integral compuesta por dos cónyuges e hijos, si pueden o quieren tenerlos.