Cartel del film Blessed

"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí." (Juan 14:6)

 

Hay mucha gente joven que vive sin esperanzas ni ilusiones. Su existencia es gris, fría, alejada de todo afecto. Como ancianos que esperan la muerte se pasan los días viviendo al límite. Para ellos no hay preocupaciones ni alegrías duraderas. Todo se pasa y se pierde fugazmente. Las familias luchan contra la apatía, el desarraigo, la violencia y la desesperación de estos jóvenes. Madres que dejan su sueldo en psicólogos, padres que no duermen pensando en el futuro vacío de sus hijos.

El ejercicio físico y el cristianismo

«¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios» (1 Corintios 6:19-20).

 

El ejercicio físico se ha convertido en una de las banderas de la sociedad actual. Los médicos, amigos y conocidos, familiares y hasta los gobiernos lo recomiendan. ¿Qué debemos opinar acerca del ejercico físico? ¿Puede aportar algo bueno a la vida espiritual del cristiano o puede, en cambio, arrastrarnos al peligroso mundo del hedonismo y la egolatría? En este artículo intentaremos dar una respuesta sobre este amplio e inagotable tema.

A lo largo de nuestra vida nos encontramos en muchas situaciones diferentes, situaciones que nos pueden beneficiar y situaciones que nos pueden perjudicar, situaciones en las que podemos hacer el bien y situaciones en las que hacer el mal.

La venganza

"No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo." (Levítico 19:18)

No hay nadie sobre la Tierra que no haya sido ofendido alguna vez. Engañados por amigos, humillados por jefes, insultados por compañeros, traicionados por familiares, incomprendidos por personas en las que confiábamos. Durante toda nuestra vida todas estas situaciones nos recuerdan el gran peso que tiene el pecado en el mundo, algo que sólo los ciegos, los ciegos de corazón, no pueden ver.