Muerte indigna, matrimonio digno

Las últimas semanas nos han traído una serie de temas estrechamente relacionados con el enorme cambio cultural que está transformando a las sociedades occidentales.

Por un lado, en España, el Gobierno está acabando de tramitar un proyecto de ley para lo que ellos han denominado «muerte digna». Por otro lado, en el Estado de Nueva York se ha legalizado el matrimonio entre personas del mismo sexo. Ambos temas son ampliamente debatidos por la comunidad cristiana mundial y hacen aflorar pensamientos profundos y producen debates encendidos.

Peregrino Reformado siempre se ha caracterizado por huir de la polémica entre hermanos y ha intentado mantener un tono conciliador, dentro de la defensa de los principios que consideramos considerado bíblicos y que, como muchas otras cosas, están sujetos a diversas interpretaciones. No obstante, creemos que estos dos temas de actualidad requieren, aunque sea someramente, ser comentados.

La Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE) ha sancionado, apelando a los principios morales de la Biblia, el texto que prepara el Gobierno español sobre la eutanasia. Por su parte, la Alianza Evangélica Española (AEE) ha pedido la retirada del mismo. Ante estas dos opiniones enfrentadas, ¿cuál es la que se ajusta más a la voluntad de Dios?

El proyecto de ley del Gobierno de España pretende fomentar valores propios de la cultura de la «muerte fácil». Para el Gobierno, la vida no merece ser vivida en determinadas circunstancias y pretende legislar sobre cómo y bajo qué motivos darle fin. Como cristianos, sabemos que la vida es un valor sagrado, recogido en el Decálogo de la Ley, y defendida en múltiples textos de la Escritura. El fin de la vida del hombre está en manos del Señor y no podemos sustituir la voluntad del Creador por criterios humanos, supuestamente racionales. Estamos de acuerdo en no prolongar la vida de manera artificial y con sufrimiento para el paciente; pero tampoco podemos defender que la muerte voluntaria se convierta en la salida a una vida. Jesucristo entregó su vida para salvación de los creyentes y por eso nosotros valoramos enormemente el valor de la vida humana. En este caso, la FEREDE ha dejado de lado la Escritura y ha actuado de forma indigna, poniendo los criterios humanos por encima de los criterios bíblicos.

Un caso diferente es la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo en Nueva York. No es un secreto para nadie que Peregrino Reformado defiende, desde una perspectiva estrictamente bíblica, la santidad de las personas homosexuales y el rechazo a la interpretación de la Biblia que hace de la tendencia sexual natural un acto pecaminoso.

Creemos que con la aprobación del matrimonio homosexual se da un paso más para el reconocimiento de las relaciones entre personas del mismo sexo, alejándolas de la exclusión y del rechazo. Creemos que Dios está ayudando a su pueblo a entender con más claridad cuál es su Voluntad, plasmada en su Palabra, para las personas homosexuales: la necesidad de su integración y normalización en la sociedad. En este aspecto sabemos que nos enfrentamos a la mayoría de los cristianos; pero la existencia de este ministerio se debe a la firme voluntad de predicar la Palabra de Dios y el mensaje de Salvación en Cristo Jesús para todo ser humano, independientemente de su tendencia sexual, y en este sentido defenderemos este derecho tanto como la cultura de la vida.

En definitiva todo «avance» social no supone en realidad una mejora de la sociedad ni una aproximación al mensaje bíblico de santidad y amor. En algunos casos, damos pasos hacia una mayor piedad cristiana; pero en otros nos entregamos a prácticas diabólicas como la cultura de la muerte. No deja de ser irónico que sea un órgano que supuestamente representa a los cristianos españoles el que sancione una ley indigna y a la vez condene una realidad digna a los ojos del Señor.

De todas maneras, cada uno de nosotros tendrá que dar explicación de sus actos ante el Santo Tribunal de Dios y quiera nuestro Salvador que no tengamos que oír aquellas duras palabras de «apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles» (Mateo 25:41).

Vivamos aferrados a Jesucristo, sujetos por ese cordón precioso que es la fe, alimentado por Su Palabra, ya que es la única manera de alcanzar la vida eterna y el perdón de nuestros pecados. Alejémonos, por tanto, de la opinión de los hombres, de las conveniencias políticas o del pensamiento de la mayoría, ya que todo eso no trae más que la muerte eterna. Defendamos la Verdad, la vida y el amor de Dios obedeciéndole antes a Él que a los hombres.