Retorno del hijo pródigo, de Rembrandt

"Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas…" (Hechos 10:34)


Las personas homosexuales, cuando son confrontadas con el mensaje de la Biblia, sienten desprecio y rechazo hacia aquellos que los condenan por su tendencia sexual. Ante tal ataque frontal todo homosexual cierra la puerta a la penetración del Evangelio, lanzándose a una vida licenciosa y gobernada por el pecado como única salida a su vida sin Dios ni Salvador.

 

Ante todo hay que dejar claro que aquellos que condenan a los homosexuales lo hacen basándose en textos bíblicos cuyo significado real no es precisamente el que ellos aducen. En realidad los textos del Nuevo Testamento que supuestamente condenan las relaciones homosexuales utilizan palabras griegas que, en ningún caso, serían traducibles como homosexual, homosexualidad o cualquier otra palabra parecida. Lo cierto es que, y esto lo veremos en artículos futuros, el significado de estas palabras griegas (idioma original del Nuevo Testamento) tiene relación con conductas sexuales depravadas, prácticas paganas y la pederastia.

La Palabra de Dios, y el mensaje del Evangelio, no hacen ningún tipo de acepción de personas y llaman a todos los seres humanos a arrepentirse del pecado por igual y a aceptar a Jesucristo como Señor y salvador. Jesucristo también ha muerto por los pecados de las personas homosexuales y les ha llamado a ser redimidos y a vivir una vida santa conforme a su imagen.

Las mal llamadas terapias reparativas y otras formas de "cura" de la homosexualidad son contrarias a la Escritura. En primer lugar, si considerásemos la homosexualidad como un pecado (evidentemente no es así) no podríamos aceptar, de ninguna manera, que se pudiese escapar de de ella mediante esfuerzos humanos. Dicho de otra forma, la Palabra de Dios nos habla de que es la Gracia divina la que borra el pecado en los hombres y que ningún esfuerzo humano es suficiente para erradicarlo. Por tanto, si los hombres se esfuerzan en cumplir la Ley, dejando de lado la Gracia de Dios revelada en Cristo, caen en maldición. En segundo lugar la homosexualidad no atenta contra los mandamientos eternos de Dios ni contra el Gran Mandamiento en el que se resume toda la Ley: "Ama al prójimo como a ti mismo" (Gálatas 5:14).

Así que, independientemente de tu tendencia sexual, no tienes excusa para ignorar a Cristo, puesto que Él también murió por ti. Para ti también son las palabras de la Escritura y tú también vas a sentir la Gracia divina cuando seas llamado para salvación. Abre tus ojos, deja que tu alma se impregne de las Escrituras, deja de lado todo prejuicio, Cristo te ama tanto como a cualquier otra persona pecadora. No eres pecador por tu tendencia sexual, tus pecados son como los del resto de la humanidad y necesitas también al Salvador. Arrepiéntete de tu forma antigua de vivir, de tu búsqueda vacía de placeres, siente la Gracia de Dios inundar tu alma, clama a Jesús para que perdone tus pecados. Ahora puedes ser una nueva criatura y vivir una vida plena y feliz llena de santidad. Es momento de que Cristo también llegue a tu vida, como un día llegó a la mía.