¿A quién pertenece el dinero? (II): La pobreza de Jesús y las formas bíblicas de ganar dinero

En el anterior artículo de la serie ¿A quién pertenece el dinero? nos adentramos en la explicación de dos puntos muy importantes en cuanto a la relación que tenemos con el dinero: la moralidad de éste y los signos de amor al dinero.

A continuación explicaremos someramente cuál era la situación económica de Jesús según la Escritura y las diversas formas que la Biblia autoriza para ganar dinero.

 

La situación económica de Jesús

En la actualidad, muchos autores cristianos abogan por la pobreza o semipobreza de los cristianos, afirmando que un cristiano verdaderamente devoto rechazará las riquezas y vivirá con lo mínimo. Hacen frecuentemente alusiones históricas a movimientos como el de los franciscanos, que alentaban a sus miembros a llevar vidas en una pobreza prácticamente absoluta.

También se afirma que, como Jesús era pobre, nosotros tenemos que imitarlo siendo también pobres. Ahora bien, ¿es esto así?

La estructura socioeconómica del Israel de la época de Jesús era la siguiente: en el nivel más bajo estaba la mayor parte de la población. A estos se refería Jesús cuando decía «porque siempre tendréis pobres con vosotros» (Mateo 26:11). En la parte más alta estaban los gobernantes y los líderes religiosos, además de los terratenientes y rentistas. Por último, había una clase media, formada por artesanos, agricultores, constructores y otros oficios manuales, que eran los que facilitaban bienes y servicios a todos los israelitas. Es en este lugar donde se encuadraba la familia de Jesús, cuyo padre, según la Biblia, era carpintero (o, más exactamente, un «constructor») y no en las clases bajas.

Además, Jesús, como primogénito, tenía el derecho a heredar el negocio de su padre, por lo que no parece que según la historia bíblica fuera una persona adscrita a la pobreza más absoluta.

Así, pues, cuando Dios envió al Hijo del Hombre a un hogar de clase media parece tener como objetivo el poder hablar, tanto a los ricos como a los pobres, en una posición cercana a ambos. Podía entender a tanto a las personas de clase alta como a las de clase baja, por el hecho de estar en medio de ambas.

Formas bíblicas de ganar dinero

Una vez que hemos podido comprobar que Dios no rechaza la riqueza ni el dinero y que Jesucristo se crió en una familia de clase media, podemos repasar las maneras bíblicas que tenemos de aumentar nuestras riquezas materiales.

Adquisición del dinero mediante el trabajo

Es la manera más corriente de obtener dinero en la actualidad y la más nombrada en la Biblia. Ya desde la Torá se hace referencia a ella: «Seis días trabajarás y harás toda tu obra; mas el séptimo día es de reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna» (Éxodo 20:9-10).

El Apóstol Pablo también hace referencia al trabajo, cuando dice a los de Éfeso que «el que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno» (Efesios 4:28). El trabajo permite que usemos nuestras habilidades para ganar dinero, nos desarrollemos como personas y no perdamos el tiempo, esto último es muy importante, porque la ociosidad llama al pecado. Proverbios hace un alegato a favor del trabajo, afirmando que «el que labra su tierra se saciará de pan; mas el que sigue a los ociosos se llenará de pobreza» (Proverbios 28:19). La pereza, como antítesis del trabajo y de la laboriosidad, está condenada en multitud de lugares en la Biblia. Así, por ejemplo, «la mano de los diligentes señoreará; mas la negligencia será tributaria» (Proverbios 12:24).

Adquisición del dinero mediante el ahorro

«Tesoro precioso y aceite hay en la casa del sabio; mas el hombre insensato todo lo disipa» (Proverbios 21:20). Una persona sabia aparta una cantidad considerable de sus ingresos corrientes para el futuro; ya sea para suplir posibles contingencias como para asegurarse una renta futura, o bien para asegurarse menos gastos en el futuro. Por el contrario, las personas insensatas no ahorran nada, gastan todo en el presente y se encuentran sin fondos para posibles contingencias y sin ningún tipo de planificación financiera para el futuro. También en Proverbios se hace mención a las hormigas (véase Proverbios 30:25), que apartan comida para el invierno en verano, siendo este hecho encomiable para el autor del libro bíblico.

Por último, tenemos la conocida parábola de Cristo, en la que un señor reclama los intereses del dinero prestado a tres siervos (véase Mateo 25:27). Dos de ellos hacen crecer el dinero, de acuerdo a su voluntad, mientras otro lo esconde en la tierra y le devuelve lo mismo que en su día le dejó en guarda y custodia. Cristo felicita a los siervos que hicieron crecer el dinero que les dejó su amo en guarda y custodia, mientras que rechaza al siervo que, por miedo, escondió el dinero en el suelo sin producir nada. Esta parábola nos muestra que la inversión, siempre que siga criterios bíblicos, no sólo es legítima, sino que Dios la llega a considerar muy necesaria para el cristiano.