¿A quién pertenece el dinero? (I): La moralidad del dinero y los signos del amor al dinero

Sabemos de la importancia que tiene el dinero en el mundo actual y de los conflictos morales que suscita en los cristianos. John MacArthur, el famoso ministro americano, escribió un libro titulado «Whose Money is it, anyway?», traducido al español por la Editorial Portavoz con el título «¿A quién pertenece el dinero?».

En esta serie de artículos que hoy empezamos vamos a comentar las principales ideas del libro, sin entrar en muchos detalles sobre las mismas, pero que será suficiente para aquel cristiano que desee conocer más de cerca el trato del dinero y de las riquezas en la Biblia.

Como es natural, si quieren profundizar en este tema podrán hacerse con este magnífico libro en su librería evangélica habitual.

La moralidad del dinero

El dinero no es ni bueno ni malo, sino que es moralmente neutro: puede utilizarse con fines lícitos o ilícitos. Puede haber pobres malos cristianos y ricos buenos cristianos; todo depende del uso que se haga de las riquezas. Cristo, en referencia a los tesoros en el cielo, dijo: «Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón» (Mateo 6:21). Así pues, la utilización del dinero no es la causa de la pobreza moral, sino la consecuencia o demostración de su amor al dinero.

Tenemos que tener en consideración que nosotros no somos más que administradores de las riquezas de Dios. Si entendemos esto entenderemos que las riquezas las hemos de utilizar siguiendo sus propósito, a sabiendas de que nos pedirá cuentas sobre el uso que hacemos: «mía es la plata y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos» (Hageo 2:8) y «acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas» (Deuteronomio 8:18a).

Signos del amor al dinero

Hay varios signos que evidencian que una persona ama el dinero:

En primer lugar, cuando está empeñada en hacer dinero de cualquier manera. Un cristiano trabajará de forma honrada y diligente para ganar dinero; en cambio, una persona que ama el dinero utilizará cualquier método.

En segundo lugar, nunca tendrá suficiente. Todos conocemos personas que ganan mucho dinero y, aún así, siguen quejándose del poco dinero que ganan. Éstas son como las sanguijuelas, que dicen «¡Dame! ¡Dame!» (Proverbios 30:15).

En tercer lugar, si una persona ama el dinero es muy probable que le guste realizar ostentaciones de su capacidad adquisitiva. Así, nos encontramos con personas a las que les gusta que los demás sepan que tienen dinero y que pueden comprarse lo que quieran. Coches de alta gama, aparatos electrónicos de última generación, grandes y lujosas casas o ropa y complementos suntuosos son sólo algunas de las maneras que, en la actualidad, los amantes del dinero utilizan para evidenciar ante el mundo su querencia por el papel moneda.

En cuarto lugar, preferirán gastarse todo su dinero en sus deseos antes que dar, aunque sea una ínfima parte, a aquellos que más lo necesitan. Y si en alguna ocasión realizan una pequeña donación siempre será para que los demás lo vean, incumpliendo claramente lo que dice Mateo 6:3: «mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha».

Por último, las personas que aman al dinero harán cualquier cosa para aumentar o conservar el dinero que tienen. Engañarán para vender más, mentirán en las declaraciones de impuestos para conservar su dinero o inflarán sus cuentas de gastos en sus trabajos para poder reclamar más dinero a sus empleadores del que realmente se han gastado.