Ahorrar es un deber cristiano

"En casa del sabio abundan las riquezas y el perfume, pero el necio todo lo despilfarra." (Proverbios 18:20)

 

Ahorrar no es otra cosa que guardar el dinero que no se ha gastado con algún fin. Pero, ¿un cristiano debe ahorrar o es incompatible con el amor al prójimo?

Actualmente está muy extendida la creencia de que ahorrar es incompatible con el amor al prójimo, porque guardamos dinero que nos sobra y que podríamos dar a personas que lo necesitan. Esta argumentación parece plausible a primera vista, aunque, como veremos a continuación, la Biblia no lo considera de la misma manera.

Por toda la Biblia se alaba al previsor y al ahorrador, en contraposición con el derrochador y el malgastador. Así, Salomón escribe en Proverbios que "cuatro cosas hay pequeñas en el mundo, pero que son más sabias que los sabios: las hormigas, animalitos de escasas fuerzas, pero que almacenan su comida en el verano [...]" (30-24:25). Jesucristo, en la parábola de los talentos, cuenta cómo un hombre deja dinero a sus siervos antes de emprender un viaje. Cuando vuelve va a ver a cada uno de sus tres siervos para reclamarle el dinero, pero hay uno que no ha conseguido más dinero, y el hombre, enfadado, le dice: "pues debías haber depositado mi dinero en el banco, para que a mi regreso lo hubiera recibido con intereses" (Mateo 25:27)

La Biblia, en consecuencia, no considera que el ahorro sea incompatible con la virtud de la caridad hacia el pobre. Más aún, el ahorro es una exigencia hacia el cristiano. En una época de crisis y donde la esclavitud financiera de los créditos han arruinado a muchas familias, es más importante que nunca promover el ahorro, que ayuda a que el crecimiento se cimente en dinero real y no en dinero traído del futuro mediante créditos. Además, el ahorro limita el consumismo y el materialismo causado por las modas y las compras compulsivas: nos ayuda a llevar una vida más austera.

Los objetivos del ahorro pueden ser múltiples: la jubilación, cubrir imprevistos, emprender un negocio, invertir para obtener una renta periódica... Ninguno de estos objetivos viola el deber para con la caridad cristiana que los cristianos debemos tener en todo momento.
Algunas personas no ahorran porque creen que el dinero ahorrado está parado y no genera riqueza, por lo que necesariamente debe ser malo para la sociedad. Esto no es cierto, puesto que el dinero ahorrado en una entidad financiera no está nunca inactivo, ya que las entidades financieras se sirven de él para realizar inversiones y préstamos.

Así pues, intentar ahorrar es un deber que tiene todo cristiano, de la misma manera que tiene el deber de ayudar al prójimo. Se pueden realizar donaciones procedentes del ahorro o de rendimientos derivados del ahorro, lo que demuestra que son deberes totalmente compatibles entre sí y coherentes con el mensaje bíblico de previsión y caridad.