El dinero es maligno. Así se podría resumir el mito que muchos cristianos tienen por cierto. Piensan que el dinero es muy peligroso y que ser rico pone en peligro nuestra salvación. Pero, ¿realmente es así? ¿Podemos afirmar que ser rico es incompatible con la salvación? ¿Cristo condenó no ser pobre?

¿Es el dinero maligno?

Como muchas veces ocurre, este mito es fruto de una simplificación de lo que de verdad dice la Biblia. La Biblia no condena a los ricos, condena a los que aman al dinero. Después de que Job perdiera todo, Dios restauró su prosperidad: "y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job" (Job 42:10). Job había perdido todo lo que tenía, pero demostró que lo que más le preocupaba era Dios, por encima de cualquier cosa en este mundo. Y Dios le recompensó doblando sus posesiones.

Lo que sí condena Dios en su Palabra es el amor al dinero. ¿Cuánta gente hemos conocido que dejaría todo con tal de ganar más dinero? El materialismo es actualmente un ídolo que la mayoría adora. Pero el materialismo no consiste únicamente en amar al dinero con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas, sino también en comprar de forma incontrolada o en preocuparse más por lo material que por lo espiritual. Si alguien ama más al dinero que a Dios ya ha sustituido a Dios por un vil metal. Y Dios no prohibió hacerse un ídolo del dinero, sino que prohibió cualquier tipo de ídolo: "No tendrás dioses ajenos delante de mí" (Éxodo 20:3).

Así pues, los ricos no son condenados por Dios, sino sólo los que sustituyen a Dios por un ídolo, sea cual sea. Entonces, ¿cómo podemos hacer para que, sin ser pobres, podamos sólo servirle a Él? San Pablo expresa claramente qué tenemos que hacer para estar en el mundo, pero sin ser mundanos: "Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen; y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa" (1 Corintios 7:29-31). Haciendo una analogía con lo que dice San Pablo en el párrafo anterior: teniendo dinero como si no lo tuviésemos. Sólo dándole valor a lo que realmente lo tiene glorificaremos a Dios en nuestra vida. Así sea.