Credo de Atanasio

El Credo de Atanasio es una declaración de fe centrada en la doctrina Trinitaria.

Atanasio de Alejandría (circa 296 - 373) fue obispo de Alejandría (actual Egipto) durante 45 años, de los cuales 17 los pasó en el exilio. Es considerado el campeón de la defensa de la ortodoxia trinitaria frente a la herejía arriana en el Concilio de Nicea.

El teólogo reformado holandés Gerardo Vossius (1577 - 1649) fue la primera persona en poner en duda la autoría del Credo atanasiano. Las razones por las que actualmente es un hecho aceptado que el obispo de Alejandría no fue el autor del Credo de Atanasio son, principalmente, las siguientes:

En primer lugar, porque el Credo está escrito en latín y no en griego, que era la lengua de Atanasio. En segundo lugar, porque no es mencionado por ningún contemporáneo ni por ninguno de los Concilios ecuménicos. Finalmente, el Credo no se utiliza en la Iglesia oriental, de donde provenía Atanasio, sino en la Iglesia occidental; lo que hace pensar que su origen se encuentra en la antigua Iglesia de occidente.

Por otra parte, el Credo utiliza terminología idéntica a la de la obra Sobre la Trinidad (publicada en el 415) de Agustín de Hipona (354 - 430), lo que contribuye a la tesis de que su origen se encuentra en la Iglesia occidental. Además, es citado por Cesáreo de Arlés (circa 470 - 542) y mantiene un estilo muy similar al de las obras teológicas de Vicente de Lerins (sin datos - circa 445), por lo que lo más probable es que su origen se encuentre en el sur de la actual Francia.

 

Texto del Credo de Atanasio

Todo el que quiera salvarse, debe ante todo mantener la Fe Universal. El que no guardare ésta Fe íntegra y pura, sin duda perecerá eternamente.

 

Y la Fe Universal es ésta:

 

que adoramos a un solo Dios en Trinidad, y Trinidad en Unidad, sin confundir las Personas, ni dividir la Sustancia.

 

Porque es una la Persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo; mas la Divinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu es toda una, igual la Gloria, coeterna la Majestad.

 

Así como es el Padre, así el Hijo, así el Espíritu Santo.

 

Increado es el Padre, increado el Hijo, increado el Espíritu Santo.

 

Incomprensible es el Padre, incomprensible el Hijo, incomprensible el Espíritu Santo.

 

Eterno es el Padre, eterno el Hijo, eterno el Espíritu Santo.

 

Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno; como también no son tres incomprensibles, ni tres increados, sino un solo increado y un solo incomprensible.

 

Asimismo, el Padre es Dios, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios.

 

Y sin embargo, no son tres Dioses, sino un solo Dios.

 

Así también, Señor es el Padre, Señor es el Hijo, Señor es el Espíritu Santo.

 

Y sin embargo, no son tres Señores, sino un solo Señor.

 

Porque así como la verdad cristiana nos obliga a reconocer que cada una de las Personas de por sí es Dios y Señor, así la religión Cristiana nos prohibe decir que hay tres Dioses o tres Señores.

 

El Padre por nadie es hecho, ni creado, ni engendrado.

 

El Hijo es sólo del Padre, no hecho, ni creado, sino engendrado.

 

El Espíritu Santo es del Padre y del Hijo, no hecho, ni creado, ni engendrado, sino procedente.

 

Hay, pues, un Padre, no tres Padres; un Hijo, no tres Hijos; un Espíritu Santo, no tres Espíritus Santos.

 

Y en ésta Trinidad nadie es primero ni postrero, ni nadie mayor ni menor; sino que todas las tres Personas son coeternas juntamente y coiguales.

 

De manera que en todo, como queda dicho, se ha de adorar la Unidad en Trinidad, y la Trinidad en Unidad.

 

Por tanto, el que quiera salvarse debe pensar así de la Trinidad.

 

Además, es necesario para la salvación eterna que también crea correctamente en la Encarnación de nuestro Señor Jesucristo.

 

Porque la Fe verdadera, que creemos y confesamos, es que nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, es Dios y Hombre; Dios, de la Sustancia del Padre, engrendado antes de todos los siglos; y Hombre, de la Sustancia de su Madre, nacido en el mundo; perfecto Dios y perfecto Hombre, subsistente de alma racional y de carne Humana; igual al Padre, según su Divinidad; inferior al Padre, según su Humanidad.

 

Quien, aunque sea Dios y Hombre, sin embargo, no es dos, sino un solo Cristo; uno, no por conversión de la Divinidad en carne, sino por la asunción de la Humanidad en Dios; uno totalmente, no por confusión de Sustancia, sino por unidad de Persona.

 

Pues como el alma racional y la carne es un solo hombre, así Dios y Hombre es un solo Cristo; El que padeció por nuestra salvación, descendió a los infiernos, resucitó al tercer día de entre los muertos.

 

Subió a los cielos, está sentado a la diestra del Padre, Dios Todopoderoso, de donde ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

 

A cuya venida todos los hombres resucitarán con sus cuerpos y darán cuenta de sus propias obras.

 

Y los que hubieren obrado bien irán a la vida eterna; y los que hubieren obrado mal, al fuego eterno.

 

Esta es la Fe Universal, y quien no lo crea fielmente no puede salvarse.

 

Amén.