Credo calcedonense

El Credo calcedonense, también denominado Definición de Calcedonia, es una declaración de fe adoptada en el Concilio de Calcedonia (actual Kadıköy, en Turquía) en la que se aclara la doctrina de las dos naturalezas de Cristo.

Veinte años antes de convocarse el Concilio de Calcedonia, el emperador Teodosio II convocó el Concilio de Éfeso (actualmente Selçuk, también en Turquía). Este Concilio, considerado el tercer Concilio ecuménico (tras Nicea y Constantinopla), tenía como objetivo discutir sobre la problemática de las dos naturalezas de Cristo. Nestorio (circa 386 - 450), arzobispo de Constantinopla, aunque confesaba que Cristo era una Persona formada por dos naturalezas, en la práctica trataba cada una de las naturalezas, la humana y la divina, como Personas independientes. Llegó a afirmar que la expresión «madre de Dios» («theotokos» en griego), utilizada para denominar a María, era incorrecta, puesto que ella sólo había dado a luz a la naturaleza humana de Cristo, y no la divina. Las doctrinas nestorianas fueron condenadas finalmente como heréticas por el Concilio de Éfeso.

El emperador Marciano volvió a convocar un Concilio, esta vez en Calcedonia, en el año 451, con el fin de resolver de forma definitiva la controversia nestoriana, ya que había aún algunas herejías relacionadas con el nestorianismo que estaban sembrando la confusión en la Iglesia.

Finalmente, el Concilio de Calcedonia reconoció que Cristo tiene dos naturalezas (la humana y la divina) y que Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre, y que María, por esta razón, es verdadera madre de Dios.

El Concilio de Calcedonia es el último Concilio que reconocen las Iglesias reformadas.

 

Texto del Credo calcedonense

Nosotros, entonces, siguiendo a los santos Padres, todos de común consentimiento,

 

enseñamos a los hombres a confesar a Uno y el mismo Hijo,

 

nuestro Señor Jesucristo,

 

el mismo perfecto en Deidad y también perfecto en humanidad;

 

verdadero Dios y verdadero hombre,

 

de cuerpo y alma racional;

 

cosustancial (coesencial) con el Padre de acuerdo a la Deidad,

 

y cosustancial con nosotros de acuerdo a la Humanidad;

 

en todas las cosas como nosotros,

 

sin pecado;

 

engendrado del Padre antes de todas las edades, de acuerdo a la Deidad;

 

y en estos postreros días, para nosotros, y por nuestra salvación,

 

nacido de la virgen María, de acuerdo a la Humanidad;

 

uno y el mismo, Cristo, Hijo, Señor, Unigénito, para ser reconocido en dos naturalezas, inconfundibles, incambiables, indivisibles, inseparables;

 

por ningún medio de distinción de naturalezas desaparece por la unión, más bien es preservada la propiedad de cada naturaleza y concurrentes en una Persona y una Sustancia,

 

no partida ni dividida en dos personas, sino uno y el mismo Hijo, y Unigénito, Dios, la Palabra, el Señor Jesucristo;

 

como los profetas desde el principio lo han declarado con respecto a Él, y como el Señor Jesucristo mismo nos lo ha enseñado,

 

y el Credo de los Santos Padres que nos ha sido dado.

 

Amén.