Credo de los Apóstoles

El Credo de los Apóstoles, también conocido como Símbolo de los Apóstoles, es la primera declaración de fe cristiana posterior al período apostólico. Pese a su nombre, no hay pruebas de que fueran los Apóstoles sus autores: más bien se trata de una leyenda de los primeros siglos cuyo objetivo es darle más legitimidad.

La primera referencia al Credo de los Apóstoles la hace Hipólito de Roma (170 - 235) en su obra La tradición apostólica[1], escrita alrededor del año 215, en la que se reproduce el Credo en forma de preguntas y respuestas a los candidatos al bautismo. Posteriormente, en el año 390, se hace referencia al mismo en una carta de Ambrosio de Milán (circa 340 - 397) al obispo Siricio de Roma (334 - 399)[2].

Aparentemente, el Credo de los Apóstoles se utilizaba como resumen de la doctrina cristiana para los catecúmenos, principalmente en la iglesia de Roma. Es por ello que también es conocido como Credo romano o Símbolo romano. La versión definitiva del Credo de los Apóstoles la encontramos en un sermón[3] de Cesáreo de Arlés (circa 470 - 542).

 

Texto del Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre, Todopoderoso Creador del Cielo y la Tierra.

 

Creo en Jesucristo, Su Unigénito Hijo, nuestro Señor

 

quien fue concebido por el Espíritu Santo, nacido de la virgen María;

 

sufrió bajo Poncio Pilato; fue crucificado, muerto y sepultado;

 

descendió al infierno; al tercer día resucitó de entre los muertos; ascendió al cielo, y se sentó a la derecha de Dios Padre Todopoderoso.

 

Desde allí vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos.

 

Creo en el Espíritu Santo,

 

la santa Iglesia Universal,

 

la comunión de los santos,

 

el perdón de los pecados,

 

la resurrección del cuerpo,

 

y la vida eterna.

 

Amén.

 

 Referencias

[1] Hipólito de Roma, La tradición apostólica, capítulo 21.

[2] Ambrosio de Milán, Epístolas, número 42, párrafo 5.

[3] Cesáreo de Arlés, Sermones, número 9.