Ulrico Zuinglio

Ulrico Zuinglio (1484 - 1531) fue el denominado tercer hombre de la Reforma tras Martín Lutero (1483 - 1546) y Juan Calvino (1509 - 1564). Mientras que Zuinglio fue el reformador de la Suiza de habla alemana, Calvino lo fue de la de habla francesa.

Ulrico nació en Wildhaus, en el cantón de san Galo, de una familia de labradores. Estudió en la Universidad de Basilea y en la Universidad de Viena.

Fue ordenado sacerdote en Constanza (Alemania) y celebró su primera misa en su pueblo natal, en 1509. Posteriormente fue destinado a Glarus, donde aprovechó para aprender griego, hebreo y estudiar las obras clásicas, escolásticas y patrísticas. Recibió la influencia del humanismo renacentista, especialmente de Erasmo de Rotterdam (1466 - 1536).

En aquella época la Confederación Helvética estaba involucrada en varias contiendas, y uno de sus rivales era el Estado papal. Zuinglio se puso del lado del papado, lo que le valió el reconocimiento del papa Julio II (1443 - 1513) con una pensión.

Aunque en un principio era partidario -como también el resto de reformadores- de purificar a la iglesia romana, poco a poco y gradualmente se fue dando cuenta de que eran los mismos cimientos del romanismo lo que había que cambiar.

Así pues, y siendo ya designado pastor en la ciudad suiza de Zúrich, denunció no sólo la corrupción de costumbres de la jerarquía romana, sino también algunas doctrinas que, a su juicio, y de acuerdo con la Palabra de Dios, eran erróneas. Cuestionó la validez de las excomuniones que desde el papado se lanzaban contra los reformadores, rechazó las indulgencias, consideró que el diezmo no era una institución divina, afirmó la superstición de los ayunos, la inexistencia de soporte bíblico para el monacato o para el sacrificio de la misa papal, la falsedad de la transustanciación romana, y denunció la idolatría de la veneración de los santos.

Precisamente fue un evento relacionado con el ayuno el hecho que se ha considerado como punto de inicio de la Reforma de Zuinglio. En 1522 habló públicamente contra el ayuno obligatorio en la Cuaresma, toda vez que en la Escritura no se afirma que esté prohibido comer nada en ese período temporal. Así pues, aunque no participó, sí apoyó una comida de salchichas que se realizó en la casa de un impresor de Zúrich. A este evento la historia lo ha dado en llamar El asunto de las salchichas. Evidentemente, desde las filas romanistas se clamó al cielo, solicitando a los magistrados de la ciudad la prohibición de la predicación de las doctrinas reformadas, aunque gracias a Dios nadie hizo caso al obispo de Constanza, que es quien hizo tal petición.

En los años siguientes, y con el apoyo del Consejo de Zúrich, contribuyó a la extensión de la Reforma en la Suiza de habla alemana, así como a tejer alianzas entre los cantones cristianos en contra de los cantones partidarios del papado.

También intentó, aunque sin mucho éxito, encontrar junto a Martín Lutero una solución a las discrepancias en cuanto a la presencia real o simbólica de Cristo en la Eucaristía en el Coloquio de Marburgo (1529). Lutero creía en la consustanciación, mientras que Zuinglio afirmaba la presencia simbólica de Cristo.

Finalmente murió asesinado por soldados católico-romanos en una de las guerras religiosas que se sucedieron durante esos años. Su sucesor en el pastorado de Zúrich, Enrique Bullinger (1504 - 1575) consolidó los importantes éxitos que consiguió Ulrico en sus pocos años de vida y contribuyó a la unidad de los reformados suizos firmando con Juan Calvino el denominado Consensus Tigurinus, en el cual se aceptaba la presencia real espiritual de Cristo en la Santa Cena.