Juan Calvino

Juan Calvino (1509 – 1564) nació en Noyon, Francia.

Su padre era notario y registrador de la corte eclesiástica del obispado local. Recibió la tonsura con 12 años, lo que evidencia su implicación con la iglesia romana. Su progenitor decidió que tanto él como sus dos hermanos pequeños fueran sacerdotes. Con este objetivo en mente y con el patrocinio de una importante familia –patrocinio conseguido gracias a los contactos que el padre, Gerardo Calvino, tenía gracias a su cargo- Juan pudo estudiar en importantes y prestigiosos colegios de París.

Años más tarde el padre de Calvino se dio cuenta de que Juan se iba a ganar mejor la vida siendo abogado. Se licenció en Derecho por la Universidad de Orleans, entrando posteriormente en la Universidad de Brujas, donde, por influencia del humanismo tan en boga en la época estudió griego, lo que le serviría posteriormente en su estudio del Nuevo Testamento.

En 1533 experimentó una conversión religiosa, lo que le llevó a colaborar con el movimiento reformado. En 1534 estuvo involucrado en el denominado Asunto de los pasquines, lo que causó que fuera expulsado de Francia y enviado a Basilea.

En 1536 Calvino publicó en la ciudad suiza la primera versión de su Institución de la religión cristiana. Esta obra sería ampliada y enriquecida abundantemente durante toda la vida de Calvino, lo que contribuiría a hacer de ella la obra de referencia en la teología reformada que aún hoy es.

Tras pasar por Ferrara (Italia) volvió a París. Tras promulgarse el Edicto de Coucy (1535), que ofrecía amnistía a los protestantes a cambio de renunciar a sus creencias bíblicas, volvió exiliarse, pasando primero por Estrasburgo y a continuación a Ginebra.

Los escritos de Juan Calvino le habían granjeado una muy buena fama en toda Europa. Guillermo Farel (1489 – 1565), francés también como él y reformador de la Iglesia en Ginebra, no quería dejar pasar la oportunidad de que Calvino lo ayudara en su cometido. Así pues, aunque Calvino se negó al principio -sólo quería tener tiempo para dedicarse a estudiar y a orar en paz- finalmente lo persuadió, haciendo también funciones de pastor en la iglesia reformada.

Ambos propusieron medidas de reforma al Consejo de Ginebra que fueron aprobadas. Tras un tiempo, y por desavenencias teológicas, el Consejo ginebrino solicitó a ambos reformadores su salida de la ciudad. Calvino volvió a Estrasburgo para ser pastor de una iglesia de refugiados franceses.

En 1540 el cardenal Jacobo Sadoleto (1477 - 1547) escribió una carta al Consejo ginebrino solicitándoles la vuelta de la ciudad al romanismo. El Consejo pensó en que sólo Calvino podría contestar con autoridad la misiva que el miembro de la jerarquía romana había enviado. Y así fue. Y en consecuencia, solicitaron de nuevo a Calvino su regreso a Ginebra.

Aunque al principio se resistió, finalmente, por responsabilidad y compromiso con la Reforma, Calvino volvió a la ciudad. Allí continuó liderando la Reforma, no sólo en la ciudad, sino en toda Europa. Mediante sus escritos logró que muchos territorios y reyes fueran influenciados por las ideas reformadas.

La influencia de Juan Calvino ha sido muy importante. Y no sólo, que también, en el ámbito teológico. El pensamiento político calvinista ha tenido una influencia capital tanto en la fundación por parte de los puritanos de los Estados Unidos de América como en el nacimiento del capitalismo.