Juan Hus

Juan Hus (circa 1369 - 1415) nació en Husinec, en la actual República Checa. Estudió en la recién fundada Universidad de Praga, llegando posteriormente a ser profesor y rector.

Estimaba en gran manera las obras filosóficas y teológicas de Juan Wyclif, motivo por el cual las llegó a utilizar en las clases que impartía en la Universidad.

Pese a esto, Hus no formaba parte de ningún movimiento de oposición a la iglesia romana. En ningún momento, al menos al principio, actuó contra el parecer de la jerarquía eclesiástica de su región.

En 1405 fue elegido para ser uno de los miembros comisionados para realizar una investigación acerca de unos supuestos milagros ocurridos en Wittenberg (Alemania), ciudad que pocos años más tarde vería a Martín Lutero clavar sus 95 tesis en la puerta de su iglesia. El resultado de la evaluación de los supuestos milagros fue la prohibición por parte de la jerarquía eclesiástica de Bohemia de acudir en peregrinación a Wittenberg.

Juan Hus publicó a continuación, con el acuerdo de su arzobispo, un escrito en el que atacaba los milagros falsos y la codicia eclesiástica relacionada con éstos, animando a los cristianos a no buscar a Cristo en los signos visibles, sino en su Palabra.

En 1408 un grupo de prelados de Praga presentó una queja ante la jerarquía eclesiástica por las críticas que Juan Hus vertía contra la corrupción de la iglesia romana. Sus superiores eclesiásticos le privaron de su cargo de predicador sinodal, así como de cualquier función pastoral en la diócesis.

Mientras, Juan Hus seguía predicando en Bohemia y refiriéndose a Juan Wyclif como un hombre pío y ortodoxo. El 1409 el papa Alejandro V (circa 1339 - 1410) ordenó la entrega de todos los libros de Wyclif y la prohibición de la predicación en casi todos las iglesias de Bohemia.

Juan Hus apeló al papa para que reconsiderara su decisión. Pese a esto, el arzobispo de la diócesis quemó centenares de obras de Wyclif y pronunció una excomunión contra Hus y sus seguidores. El pueblo se volvió a levantar para apoyar a Hus, mientras éste afirmaba, con Pedro, que había que obedecer antes a Dios que a los hombres.

Hus siguió predicando las doctrinas de Wyclif, mientras los reyes de Bohemia solicitaron al papa la anulación de la bula. Finalmente, y debido al apoyo que los husitas tenían en Praga, toda la ciudad fue puesta en interdicto por el papa de Roma.

En el año 1413 el papa Juan XXIII (circa 1370 - 1419) convocó el Concilio general de Constanza (1414 - 1418) cuyos puntos principales eran la restauración de la unidad de la iglesia católica-romana y la reforma de la jerarquía.

Pese a esto, los importantes sucesos que se estaban desarrollando en Bohemia obligaron a que el Concilio los tratara entre sus más altas prioridades. Así pues, fue necesario que el líder de la rebelión husita, Juan Hus, fuera al Concilio para explicar la situación.

Hus aceptó la invitación con alegría, dado que quería defenderse de las injustas acusaciones que muchos le imputaban. Pese a todo, antes de ir al Concilio cerró todos sus asuntos privados, dado que no ocultaba que pensaba que no iba a volver, aunque tenía un salvoconducto que teóricamente le garantizaba el regreso.

Una vez en el Concilio, Juan Hus asistió a varias sesiones en las que los miembros conciliares explicaban lo que según ellos creía y le solicitaron que renunciara a las doctrinas que predicaba. Hus afirmó siempre que estaba dispuesto a renunciar siempre y cuando le demostraran que estaba equivocado; afirmación que ya de forma premonitoria nos recuerda al gran reformador Martín Lutero. Finalmente, y puesto que el Concilio no pudo torcer su voluntad, lo sentenciaron a muerte y lo quemaron en la hoguera. Las crónicas dicen que murió cantando el Kyrie Eleison, feliz por reencontrarse con su Señor y Salvador.

Juan Hus murió en el Concilio de Constanza, quemado vivo por aquellos que afirman ser los sucesores de Cristo. Pocos años después, en la Italia del Renacimiento, llegaría el último de los precursores de la Reforma: Jerónimo Savonarola (1452 - 1498). En muy pocos años, la Reforma ya sería imparable.