Situación histórica previa a la Reforma

La Edad Media fue un periodo histórico que comenzó con la caída de Roma en el siglo V y que finalizó con la conquista de América por parte de Cristóbal Colón en el siglo XV. Y es en este período en el que se comienza a fraguar la Reforma.

La Reforma no fue un proceso que surgió de la nada y sin ningún motivo aparente. No fueron unos cuantos cristianos que, indignados ante los abusos del papa de Roma, se rebelaron contra él y sus mentiras. Su génesis la forman una multitud de sucesos, vividos simultáneamente en muchas regiones europeas y que afectaron a la imagen que millones de personas tenían de la anteriormente omnipotente iglesia romana.

En las acaballas de la Edad Media se dieron ciertas circunstancias y ocurrieron determinados sucesos que encendieron el fuego de la Reforma, largamente incubada desde hacía ya varios siglos.

En toda Europa ya se conocía la situación moral de la alta jerarquía católico-romanas. Los papas y sus cardenales llevaban una vida totalmente ajena al cristianismo, inmersos en un mundo de vicios, lujo y dinero. No cumplían con sus obligaciones como pastores de almas pero, en cambio, sí que imponían cargas imposibles de justificar. Los impuestos con los que financiaban sus vicios y que eran pagados por los pueblos europeos son sólo uno de los ejemplos. También se aprovechaban de la ignorancia generada por ellos mismos para vender indulgencias al pueblo cristiano y hacerles creer que así se salvarían. Lo mismo ocurría con los sacerdotes y con los obispos. Los primeros raramente predicaban, y muy frecuentemente incumplían su compromiso de celibato. Los segundos, además de incurrir en los mismos pecados que los primeros, compraban su cargo y muy frecuentemente ni tan sólo residían en su diócesis.

Mientras, el pueblo permanecía olvidado por sus pastores. Iban a unos cultos que se realizaban en latín, que era una lengua que desconocían; las prédicas o bien no se realizaban o se realizaban por compromiso, sin ninguna profundidad espiritual, dado que los sacerdotes católico-romanos tenían otros intereses superiores a los espirituales. Así pues, la superstición y la idolatría se fueron adueñando de Europa. El espiritismo, la nigromancia, la brujería y la adoración a las imágenes se consolidó como un culto paralelo al cristiano.

El Cisma de Occidente (1378 - 1417) fue un episodio muy importante que acabó de desprestigiar a la iglesia romana. Durante este Cisma llegaron a haber tres papas disputándose la autoridad. Esta situación, junto con la caída del escolasticismo y el fracaso del movimiento del conciliarismo, que propugnaba la supremacía de los Concilios sobre el papado, llevó a una corriente de pensamiento general que propugnaba la reforma de la iglesia católico-romana.

Evidentemente, el alcance de las reformas variaba. Algunos se conformaban con una pequeña reforma en las formas, mientras que otros, escandalizados no sólo por las formas, sino también por el fondo, propugnaban una reforma profunda que acercara a la iglesia romana al cristianismo primitivo, lo que necesariamente conllevaba un profundo cambio doctrinal.

Ésta es la situación en la que los precursores de la Reforma surgieron. Juan Wyclif (circa 1320 - 1384) en Inglaterra, Juan Hus (circa 1369 - 1415) en Bohemia (actual República Checa) y Jerónimo Savonarola (1452 - 1498) en la actual Italia son los tres que más predicamento tuvieron entre sus contemporános.