Año nuevo... ¿vida nueva?

Como todos los años, comenzamos el 2012 con un renovado esfuerzo para conseguir nuevos objetivos vitales o profesionales. Desgraciadamente, el cambio de año, que no deja de ser un artificio creado por el hombre, nos revela después de pocos días la poca capacidad que tenemos de poder cambiar nuestra forma de ser si no es con un esfuerzo muy descomunal, de cuya continuidad, más allá del deseo, no tenemos certeza.

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Feliz Navidad

Estimados amigos,


Estamos inmersos, por cuarto año consecutivo, en una crisis económica que también lo es social y moral. La humanidad parece abandonar por unos días, en Navidad, el comportamiento negativo y destructivo que le caracteriza para buscar lo humanitario que reside en cada uno de nosotros o incluso para limpiar las conciencias. Aparecen cientos de iniciativas solidarias, nos esforzamos en comportarnos mejor con nuestra familia, nuestros compañeros de trabajo e incluso nuestros enemigos. Aún así este esfuerzo tan loable de dejar de lado las rencillas y dejarse poseer por el «espíritu navideño» carece de continuidad durante el resto del año. Poco a poco la hipocresía se apodera de la sociedad y volvemos cada uno a dejar de lado el altruismo y el desinterés para mirar únicamente por el bien propio.

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Renovarse o morir

«Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá» (Juan 11:25).

Cada uno de nosotros vive en medio de unas circunstancias únicas. Desde que nacemos hasta que morimos caminamos por un mundo lleno de vicisitudes. Los hay que consiguen tener maravillosas familias, otros fracasan en el intento; algunos logran gran fama en sus trabajos, otros simplemente pasan desapercibidos.

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Airaos y no pequéis

«Airaos y no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo; ni deis lugar al diablo» (Efesios 4:26-27).
«Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdonándoos los unos a los otros, como también Dios os perdonó en Cristo» (Efesios 4:32).

Es importante reflexionar sobre un tema tan delicado como la ira. Leemos en las Escrituras que Dios tiene ira santa o que los santos de Dios sienten ira ante el pecado. Pensamos y creemos que la ira no es pecado, pero no reparamos en lo difícil que es discernir entre la ira y el enojo, entre el enfado permisible y la maledicencia perversa. En definitiva, la ira es un arma que, en malas manos, puede llevarnos a pecar.

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La felicidad

Conseguir ser feliz ha sido desde tiempo inmemorial uno de los objetivos de todo ser humano. Ha sido motivo de discusión recurrente en toda la literatura desde tiempos antiguos pero, pese a esto, sólo una minoría de personas ha sido y es capaz de conseguirlo. ¿Cómo lo hacen?

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