Hace unos días que ando muy preocupado por la falta de lluvia; bueno, la realidad es que llevo preocupado desde que se inició este largo período seco en España allá por la primavera. Seguramente alguien que lea estas líneas se estará haciendo dos preguntas, al menos: por qué está preocupado y qué pinta un artículo sobre la lluvia en un blog cristiano.

A la primera pregunta he de responder que mi preocupación nace de mi afición por la botánica y al hecho de que algunas plantas que tengo en mi jardín están pereciendo. A la segunda pregunta la respuesta es simple: Dios también esta detrás de la lluvia o su ausencia. A causa del cientificismo en el que vivimos se nos olvida que detrás de los hechos de la creación se encuentra el Creador y no una fuerza ciega e impersonal.

Ciertamente, al ver la mano del creador detrás de lo que ocurre en la naturaleza nos preguntamos qué hay detrás de las catástrofes naturales. Muchos ateos se aferran a estos hechos para justificar la creencia en la ausencia de un Dios justo. Los cristianos, por contra, debemos recordar que la creación misma está sometida a destrucción y caos a causa del pecado. En palabras del apóstol Pablo: «Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora» (Romanos 8:22).

Mañana, cuando me lamente de nuevo por la falta de lluvia al ver el suelo seco y las plantas moribundas, recordaré que vivimos las consecuencias del pecado original. Así, todos, como dice Pablo, incluidas mis plantas, gemimos esperando la redención final en Cristo. Mientras, nuestras oraciones claman por la llegada de su Reino y la mitigación de las consecuencias del pecado en este mundo, incluida esta lamentable sequía.

 

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Algunas de las denominaciones protestantes tradicionales utilizan calendarios litúrgicos para marcar las fechas de celebraciones, las temáticas de los sermones o las lecturas de la Biblia para cada día concreto. Creo que esta práctica, salvo que se convierta en un corsé para nuestra libertad cristiana, debe ser utilizada para ayudarnos a marcar ciclos y lecturas en la iglesia local. No pretendo hacer un uso estricto como ocurre en la iglesia de Roma; pero como marco de referencia lo encuentro beneficioso.

Por ello a partir de ahora tendremos entradas relacionadas a festividades litúrgicas de la Iglesia. Como referencia tomaremos siempre el Calendario litúrgico luterano.

De hecho, hoy estamos en el Domingo 19 después Trinidad. Nos vamos aproximando por tanto a la fiesta de la Reforma y hemos dejado atrás la fiesta de San Miguel y todos los Ángeles que fue el pasado día 29 de septiembre.

¿Qué opinas del uso de calendarios litúrgicos? ¿Sigues alguno? ¿Qué uso les das?

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Para quienes conozcan Peregrino Reformado estoy seguro que les sorprenderá el cambio que se ha producido en este ministerio cristiano. Desde hace un tiempo los contenidos de la anterior web se habían estancado y necesitábamos valorar el futuro de este proyecto. En ocasiones el Señor parece que cierra una puerta que no puede franquearse; pero la mayor parte de las veces simplemente es un cambio de perspectiva lo que se impone.

En esta nueva etapa Peregrino Reformado se transforma en un blog más dinámico. Con ayuda de Dios pretendemos dar un enfoque más pastoral y evangelistico sin dejar de lado la teología; pero intentado generar un sentimiento mayor de comunidad cristiana. Pretendemos estrechar lazos y llevar la Palabra de Dios a quien la necesite y por ello los contenidos se publicarán entorno al día del Señor, el domingo, y se hará énfasis en el apoyo a los creyentes y al público en general.

Peregrino Reformado continuará con su enfoque de apoyo a colectivos  que las iglesias no han sabido acoger como la gente LGTBI y abrirá sus puertas virtuales a toda persona que quiera conocer a Jesucristo tal como lo presentan las Escrituras, la Santa Biblia, Palabra inspirada de Dios inerrante y fuente de toda Verdad. Lo vamos a hacer siempre con fidelidad a dicha Palabra intentado mostrar el Amor de Dios en Jesucristo que murió y resucitó para salvación de los pecadores.

Pedimos a Nuestro Dios y Señor nos ayude en esta nueva etapa.

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De vez en cuando, en momentos de calma y lejos de las preocupaciones diarias, se nos permite reflexionar acerca de nuestras vidas y mirar al pasado. En esas ocasiones podemos ver con ojos nostálgicos como los años pasan y nuestra vida discurre por caminos que quizás no podríamos haber imaginado. Para bien o para mal hemos tenido que abandonar sendas que nos gustaría haber transitado y tomar vías que no nos habíamos propuesto. Lo cierto es que muchas veces desconocemos como hemos acabado en un lugar o hemos evolucionado hacía una posición sin darnos cuenta.

 

Quien tenga la oportunidad de reflexionar sobre su vida le recomiendo lo haga con atención y deteniéndose a evaluar hasta donde ha sido capaz de emplearse en el servicio a Dios y al prójimo. Absorbidos por nuestras obligaciones y rodeados por un mundo lleno de estímulos y entretenimientos accesibles y baratos es fácil abstraerse y perderse en uno mismo. Esto no deja de ser un dulce y suave camino hacia el pecado. No digo que no sea bueno disfrutar de las bendiciones que nos da el Señor en nuestras vidas; pero hay que tener cuidado con transformar la existencia en una carrera por el placer y la distracción. Con esto sólo estamos dejándonos llevar por las mentiras de Satanás y apartándonos poco a poco de la senda estrecha que lleva al Cielo.

Otro gran peligro al que podemos enfrentarnos cuando evaluamos nuestra vida es el de encontrarla poco productiva o vacía. La falta de objetivos o el haber fracasado en la consecución de los mismos puede llevarnos a sentir frustración. Es fácil caer en la apatía y de ahí en la desesperación cuando los objetivos vitales han sido alcanzados o descartados y no ponemos otros en su lugar. 

Muchas veces me pregunto cual es el problema principal al que nos enfrentamos en nuestra sociedad del siglo XXI como personas del mundo desarrollado. La respuesta es simple y a la vez esconde una gran complejidad. Todos nosotros vivimos con la idea, inoculada desde pequeños por la gente que nos rodea, de que necesitamos ser felices y libres. No seré yo quien niegue que la felicidad y la libertad son valores que debemos buscar y establecer como metas vitales. Sin embargo muchas veces intentamos establecer por nosotros mismos formas y medios para alcanzarlas. La realidad es que a causa del pecado original no somos libres, si no esclavos. Esta realidad, que nuestra sociedad postmoderna intenta ocultar, es la que nos explica porque somos incapaces de lograr la libertad y la felicidad por nosotros mismos. Corremos tras espejismos y sueños inalcanzables que, en muchos casos, cuando se pierden o se consiguen no nos aportan mas que felicidad pasajera. Tan sólo cuando conocemos a Jesucristo alcanzamos la verdadera libertad y felicidad porque sólo en ÉL podemos ser verdaderamente auténticos.

Lamentablemente solemos adoptar diferentes papeles según el ámbito en el que nos movemos. Interpretamos el papel de esposos/as, padres/madres, hijos/as, compañeros/as, trabajadores/as y cuando nos adaptamos a este papel muchas veces renunciamos a expresarnos tal cual somos, a mostrar todo nuestro ser, nuestra alma. Hay cierto pudor y miedo a que sincerarnos nos traerá dolor y seremos débiles y vulnerables a los ataques de las otras personas. Lamentablemente esto es así en multitud de ocasiones a causa del pecado. Este pecado que nos destruye a nosotros y a quienes nos rodean. Este pecado que hace que la maldad mueva nuestras acciones, el egoísmo guíe nuestros pensamientos y la mentira sea moneda corriente.

Ante la presencia de Dios podemos sincerarnos y mostrarnos tal cual somos, sabiendo que el nunca nos rechazará por ser como somos. Dios demostró con creces el alto valor que tenemos cada uno de nosotros para ÉL dejando morir a su Hijo Jesucristo en la cruz para evitarnos a nosotros la muerte eterna y la condenación por nuestras faltas y pecados. Sabiendo que ante Dios podemos mostrarnos como somos, con nuestras debilidades, imperfecciones y cualidades podemos tener la tranquilidad de que no necesitaremos actuar para mostrarnos como no somos. Dios ama la verdad y detesta la mentira. La Biblia denomina a Satanás padre de la mentira (Juan 8:44). Dios nunca rechaza al corazón auténtico, ni quiere que finjamos ser lo que no somos o que cambiemos nuestra esencia por otra.

 

Por tanto cuando nos preguntamos cual es el sentido de la Vida podemos responder, como las Escrituras nos muestra, que es la libertad ; pero no una falsa libertad si no la que se fundamenta en la Verdad de Jesucristo. Una verdad que se nos revela cuando le presentamos todo nuestro ser desnudo al Creador y reconocemos nuestro pecado frente a su perfección absoluta y a cambio recibimos amor incondicional en la persona de Jesucristo. Por eso cuando buscamos el verdadero sentido de la vida podemos leer: Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y Jesucristo, quien has enviado. (Juan 17:3)

 

AMEN.

 

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«Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día.» (Salmo 32:3)

El silencio muchas veces acontece como resultado del deseo de guardar para uno mismo aquello que duele o que sabemos que puede dañar. En otras ocasiones creemos que aquello que vamos a decir carece de valor. En definitiva callamos por una u otra razón y así lo único que conseguimos es que anidé en nosotros el ansia y la desesperación por liberarnos del silencio.

Cuando hablamos dejamos salir todo aquello que hemos guardado en lo más profundo de nuestro ser y sentimos alivio. Como el Rey David en este Salmo sentimos que el guardar silencio hace que enfermemos. Decir la verdad, hablar y en definitiva obedecer a Dios también con nuestra palabra proclamando su Palabra es el único remedio que nos sana. El camino para llegar hasta romper el silencio puede parecernos absurdo; pero detrás está la mano firme de la Providencia.

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