Jueves 24 de noviembre, Acción de gracias

 

Millones de personas celebran hoy el día de Acción de gracias en los Estados Unidos de América. Una saludable tradición en la que debería recordarse cómo la Providencia divina se ocupa amorosamente del sustento y cuidado de toda la Creación. Sería de agradecer que, a diferencia de otras festividades no tan sanas de origen pagano provenientes de Estados Unidos que se han extendido por todo el orbe, esta fecha se celebrase en todo el mundo.

Ocurre en muchos casos que, viendo el panorama que nos rodea y analizando las circunstancias personales que nos ha tocado vivir, podemos preguntarnos si hay algo por lo que podamos dar gracias. Aunque la pregunta no está exenta de lógica, quien se la hace parte de un presupuesto equivocado. Dios no es un sirviente del hombre y, por tanto, la relación entre Él y nosotros no es la una deidad pagana que sólo está para satisfacer nuestros deseos. El Dios de la Biblia, el Dios vivo y verdadero, es un Padre que se ocupa de su Creación; pero no dándole ciegamente lo que pide, sino entregándole aquello que es mejor para su salud espiritual y física.

A causa del pecado que mora en la creación y en nosotros, la maldad y la enfermedad ensombrecen el maravilloso trabajo que la Providencia realiza en cada criatura. Cuando no encontramos motivos para dar gracias debemos reparar en que, aun en medio de nuestro dolor, la mano suave de Dios se desliza por nuestro rostro. Jesucristo, Salvador nuestro, mostró su amor para con los hombres muriendo en su lugar, pagando por su pecado y rescatándolos de la muerte y la condenación eterna. Si no vemos motivos para agradecer los bienes materiales que no tenemos o la salud que nos falta, sí que podemos, debemos y tenemos que ansiar dar gracias por el maravilloso amor que Jesús el Señor mostró muriendo por nosotros cuando aún éramos pecadores (véase Romanos 5:8).