¿Cómo responder a la persecución?

Los países que forman parte de Europa y de América del Norte, conocidos popularmente como Occidente, dejaron de ser cristianos durante el siglo XX. Durante el siglo XXI la velocidad de decristianización no ha dejado de aumentar, incrementándose la persecución que sufrimos los cristianos en nuestros propios países.

Esta persecución, evidentemente, no tiene nada que ver con la que soportan nuestros hermanos principalmente en los países musulmanes o comunistas. La nuestra es mucho más sutil y suave. Pero no por ello deja de ser persecución.

En los países desarrollados está cada vez peor visto ser cristiano. Los medios de comunicación han impuesto una visión negativa, antipática, casi diabólica, de nosotros. También nosotros hemos cometido errores. Pero el mensaje de Jesucristo siempre ha sido antipático, siempre ha traído conflicto (cf. Mateo 10:35). Y decir que somos pecadores y que hemos de arrepentirnos no suele ayudar a hacer amigos.

Pero, ¿cómo responder a esto? Muchos creen que el activismo político es la mejor respuesta. Durante décadas, los cristianos evangélicos, especialmente en los Estados Unidos, han respondido a los cambios culturales, a las consecuencias del avance del paganismo en nuestras sociedades, mediante manifestaciones o agrias discusiones públicas. Pero, ¿ha sido esta manera de actuar efectiva? Juzgando la situación actual, no lo parece.

Porque en lugar de responder a la persecución, al paganismo, a las ideologías poscristianas con el Evangelio, con la Buena Nueva, hemos respondido con el activismo político. Para construir una casa ha de haber primero fundamentos, y nosotros no los hemos puesto. La política va después del Evangelio, es la casa que se construye tras poner los fundamentos. Nosotros hemos construido la casa antes que los fundamentos, así que una suave brisa ha tirado la casa y no ha dejado rastro de lo que había (cf. Lucas 6:48). Y ahora tenemos una sociedad que no sólo desconoce a Cristo, sino que también lo detesta.

Bendecir a los que nos persiguen (cf. Romanos 12:14), orar por los que nos calumnian (cf. Lucas 6:28) y enseñarles las cosas que Cristo nos ha mandado (cf. Mateo 28:19-20). Esta debe ser nuestra respuesta. Amén.