En presencia de Dios

En los tiempos que nos ha tocado vivir somos receptores de una multitud de informaciones, a menudo contradictorias y casi siempre inexactas, que no nos ayuda a formarnos una opinión sobre aquellos temas que nos interesan.

Pero este fenómeno, que las tecnologías de la información han ayudado a ampliar a la casi totalidad de nuestra vida, antes podía existir, aunque, eso sí, de una forma mucho más limitada.

Los cristianos tenemos un libro de libros, la Biblia, que contiene todo aquello que es necesario para nuestra salvación. Pero la Escritura es un libro que abarca muchos temas diversos, por lo que en ocasiones podemos perdernos en los detalles y no darnos cuenta de cuál es la idea principal, la gran idea, que hemos de aplicar en nuestras vidas.

Con frecuencia buscamos reglas y prohibiciones que aplicar en nuestra vida, en cierta manera imitando las estrictas reglas que los fariseos se aplicaban a sí mismos. Ciertamente esto facilitaría la vida del cristiano, dado que nos tendríamos que limitar a la aplicación automática de unas reglas en función de cada caso.

Pero Cristo no vino a enseñarnos reglas para cada uno de los problemas de nuestra vida. Tampoco habló muy bien de la actitud legalista de los fariseos. Más bien nos enseñó grandes principios que nosotros hemos de saber aplicar a nuestra vida con la ayuda del Espíritu Santo, que es el verdadero Vicario de Cristo en nuestro mundo.

Jesús nos indicó que el mandamiento más importante es «ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente» (Mateo 22:37). El segundo mandamiento más importante es «ama a tu prójimo como a ti mismo» (Mateo 22:38b). «De estos dos mandamientos», dijo, «dependen toda la ley y los profetas» (Mateo 22:40).

Los reformadores también se preguntaron cuál era la gran idea, cuál era la esencia de la vida cristiana. La esencia de la vida cristiana es, decían, vivir nuestra vida en presencia de Dios o «coram Deo» en latín. Esta expresión nos indica que tenemos que vivir en este mundo conscientes de que Dios está delante de nosotros, que estamos cara a cara, que ve todo lo que hacemos. En fin, que hemos de llevar una vida coherente con nuestros principios y que hemos de ser conscientes en todo momento de que estamos en la presencia de Dios.