No siempre nuestra salud espiritual pasa por buenos momentos. Incluso los más esforzados siervos del Señor pueden sentir tristeza espiritual y depresión. ¿Qué hacer cuando nos encontramos ante un creyente que sufre?

Muchas veces somos incapaces de encontrar consuelo por nosotros mismos. Acudimos a la Palabra de Dios en busca de ayuda, pero nos cuesta ver mejoría.

Lo cierto es que a veces desconocemos por qué el sufrimiento se apodera de las vidas de los que profesan fe en Cristo Jesús. Aunque lo cierto es que la Palabra de Dios no promete una vida siempre fácil a los creyentes, nos imaginamos, a veces demasiado a la ligera, que son los seres más felices sobre la tierra.

Es verdad que el que tiene la fe y esperanza depositada en el Señor no vive atormentado por la perspectiva de un destino incierto. Sabe que Dios tiene bajo su cuidado la vida, pero aún así desconoce los caminos de la Providencia. Esta incertidumbre, éste no saber qué ocurrirá con nuestra vida, produce desasosiego. Es aquí cuando nos damos cuenta de que la causa principal de la depresión puede provenir de un debilitamiento en la fe. Lo que en un principio parecía un problema psicológico se ha revelado como un problema espiritual. La fe está debilitada en aquella persona que siente tristeza y depresión. Ocurre en estos casos que se ha perdido, en parte, la confianza en la Providencia y la fe flaquea.

Cierto es que el debilitamiento espiritual no siempre viene causado por una separación consciente por parte del hombre de Dios. Muchas veces puede tener que ver con el entorno, con problemas de adaptación o desengaños personales o eclesiales. Todos estos elementos pueden afectar de manera negativa a nuestra fe. Ante este panorama no existen recetas rápidas para solucionar el problema. Lo único que resta al creyente es confiar en Dios y esperar a que lleguen momentos mejores de mano de nuestro Salvador.

Queda sólo meditar en Dios y afirmar, como escrito está que dijo en su día Job, «y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios» (Job 19:26) buscando consuelo en las Escrituras y apoyo de parte del Pueblo de Dios.