La comunión

El cristiano no es llamado a la fe para vivir de manera aislado. Es importante para todos los creyentes vivir en comunidad reafirmando nuestras creencias y apoyándonos mutuamente.

La Biblia nos exhorta a que no dejemos de congregarnos siempre que tengamos oportunidad de hacerlo. Es por ello que hemos de dejar de lado nuestras preferencias personales, nuestro egoísmo y nuestros recelos y compartir tiempo con nuestros hermanos en la fe. En la comunión está la clave del crecimiento de la Iglesia que se desarrolla hasta formar el Cuerpo de Cristo.

Desgraciadamente las divisiones, la pereza o el egoísmo muchas veces nos llevan a dejar de lado la comunión con nuestros hermanos y a vivir la fe en solitario. Este tipo de comportamientos no sólo afectan la salud de la iglesia local si o que también afectan al desarrollo personal y espiritual del creyente. Un cristiano aislado y desarraigado de la comunidad es más vulnerable a los ataques de Satanás y a los envites del pecado.

El hecho de congregarse y proporcionar ayuda mutua facilita el desarrollo equilibrado del Cuerpo de Cristo (la Iglesia) y permite suplir las carencias individuales.

En ocasiones, la comunión no es posible por culpa de diferencias doctrinales o obstáculos físicos (distancia, aislamiento, etc.). Para estos casos, gracias a la tecnología que el Señor nos ha provisto, podemos mantener la comunión (si bien de manera imperfecta) mediante otros medios. La comunicación entre creyentes también puede valerse de herramientas como las webs, foros, twitter o Facebook. Todos estos instrumentos de la tecnología moderna, bien utilizados, pueden ayudar a mantener relaciones interpersonales en la Iglesia donde las barreras físicas y doctrinales impiden una comunión más profunda como es el contacto directo.

Sepamos utilizar todos los medios y herramientas que el Señor nos facilita para mantener y aumentar la comunión entre los cristianos.