El paciente Job, de Gerard Seghers

El libro de Job, el primer libro escrito de la Biblia según algunos eruditos, relata la historia de un hombre piadoso, Job, que pierde todo lo que tiene –riquezas, salud y familia- sin explicarse la causa de su desgracia.

En el libro se desarrollan varios discursos de Job y sus amigos en que discuten el por qué de su desgracia. Job afirma no entender por qué ha acabado así, teniendo en cuenta lo piadoso que ha sido. Sus amigos sostienen que no lo habrá sido tanto cuando Dios lo ha castigado de esta manera. Ambas posiciones sostienen de forma implícita que el mal es una retribución por la mala conducta, mientras que los buenos, teóricamente, deberían ser siempre felices.

Finalmente, Dios se dirige a Job dando a entender que los piadosos no están protegidos del mal por el mero hecho de serlo, ni los malos tienen por qué ser desgraciados. Simplemente no somos capaces de entender los entresijos de Dios, por lo que lo mejor es que lo reconozcamos y aprendamos a vivir confiando en Él sin esperar recompensas en esta vida de ningún tipo.

El libro de Job nos enseña que no siempre podemos encontrar explicaciones lógicas a todo lo que nos pasa. Dado que no siempre podemos encontrar explicaciones lógicas, lo mejor es que siempre hagamos la voluntad de Dios, sin esperar recompensas. El Apóstol Pedro, hablando sobre los criados con amos malvados afirma que «si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios» (1 Pe 2:20b).

Es nuestra obligación como cristianos «hacer lo bueno», independientemente de lo que se pueda derivar de ello. Dios, si quiere, nos recompensará; y, si no, habremos cumplido con su voluntad. En ambos casos, por lo tanto, seremos bendecidos.