¿Evangélicos y católicos unidos? (I)

No hace demasiados años se firmó en los Estados Unidos una declaración de principios con el objetivo de defender posiciones comunes entre católico-romanos y evangélicos. El documento fue firmado por eminentes teólogos de ambos bandos y supuso el inicio de la colaboración entre estas dos ramas del cristianismo en la defensa de valores comunes.

Desgraciadamente, no sólo se unieron en la defensa de valores morales, sino que relativizaron sus diferencias teológicas haciendo énfasis en la unidad de acción.

A partir de ese momento se evidenció lo que había sido una realidad en el panorama teológico evangélico americano: su franca debilidad. Algunos teólogos evangélicos reformados alzaron su voz denunciando el grave error cometido al relativizar los principios de la Reforma para unirse a la causa «cristiana» con los católicos-romanos. Importantes personas como R. C. Sproul o John McArthur han sido desde ese momento grandes defensores de la ortodoxia reformada, la fe bíblica y la denuncia de los impulsos ecuménicos desvirtuados que han arrastrado a las masas evangélicas americanas. En la raíz de todo este problema está, por un lado, la contaminación de la teología liberal en determinados círculos evangélicos y, por otro, en la creciente devaluación del conocimiento bíblico-teológico a favor del moralismo arminiano.

Un fruto más de la superficialidad de la fe evangélica que afecta en gran medida a los Estados Unidos de América reside en el enorme énfasis que se está haciendo en los aspectos morales y la despreocupación que hay en el campo de la fe. En otras palabras, parece como si el paradigma bíblico de la salvación por la fe se estuviese diluyendo en favor de las acciones morales de la Iglesia o, lo que es lo mismo: se defiende que es más importante lo que uno siente y hace por Jesús que lo que Jesús siente y hace por la Iglesia. En este camino de desvirtuación del mensaje bíblico, el catolicismo-romano encuentra el caldo de cultivo perfecto para pescar incautos.

Quizás dentro de este depauperado panorama de apostasía de la fe lo que más pueda llamarnos la atención en las últimas fechas es el creciente apoyo que recibe el catolicismo-romano por parte del público evangélico. Sin ir más lejos, estamos asistiendo a un espectáculo sorprendente en el seno del Partido Republicano de los Estados Unidos, al contemplar cómo el voto evangélico se ha decantado en su mayoría hacia opciones católico-romanas como son las de Rick Santorum o Newt Gingrich, el primero un papista próximo al Opus Dei y el segundo un converso del nominalismo bautista a la fe romana. Evidentemente, en esta elección pesa mucho más la supuesta defensa de los valores morales tradicionales que hacen estos candidatos que su visión teológica o cosmovisión antropológica, que está totalmente alejada de la Biblia y los principios de la Reforma.

En el próximo artículo analizaremos, Dios mediante, las posibles causas de este comportamiento y cómo puede servirnos de advertencia y vacuna la situación que viven nuestros hermanos en la fe de la nación americana.