Año nuevo... ¿vida nueva?

Como todos los años, comenzamos el 2012 con un renovado esfuerzo para conseguir nuevos objetivos vitales o profesionales. Desgraciadamente, el cambio de año, que no deja de ser un artificio creado por el hombre, nos revela después de pocos días la poca capacidad que tenemos de poder cambiar nuestra forma de ser si no es con un esfuerzo muy descomunal, de cuya continuidad, más allá del deseo, no tenemos certeza.

Los objetivos del nuevo año debería contener el amejoramiento de nuestro espíritu: mantener a partir del nuevo año una nueva relación con Dios, más profunda y directa, fundada en la oración y en la imitación de Cristo, que tenga como objetivo la predicación de Su Palabra al mundo. Pero esto está claro que no podremos hacerlo sin su ayuda, dado que Él pone tanto el querer como el hacer en nosotros.

Siendo el objetivo claro, la manera de implementarlo puede diferir mucho.

Algunas personas prefieren llevar el mensaje de Cristo a la vida pública mediante la política. Hay muchos ejemplos de ello, ya sean los partidos confesionales reformados (por ejemplo, el Staatkundig Gereformeerde Partij o Partido Político Reformado en Holanda) o políticos que militan en partidos políticos no confesionales pero que intentan cumplir aquello que el Señor Jesús nos dijo, de predicar el Evangelio a todas las criaturas.

Otros prefieren hacerlo mediante los medios de comunicación. El paradigma en España de este hecho es César Vidal, erudito cristiano que posee un programa de radio diario, que escribe libros sobre todo tipo de temáticas –también teológicas- y que utiliza su atalaya para predicar a Cristo, si bien no directamente –dado que sus programas no son de teología- sí que intenta introducir el tema siempre que puede.
Recientemente ha firmado una serie –aún inacabada- de artículos en los que analiza ponderadamente la influencia del catolicismo romano en la cultura española e hispana, tras lo cual concluye –en nuestra opinión, de forma impecable- que gran parte de los problemas que actualmente asolan a España tienen como etiología al catolicismo romano. Lamentablemente a muchas personas no les ha gustado esta conclusión, pero ya Cristo dijo que no había venido a traer paz, sino espada, y que la verdad cristiana nunca será bien recibida en el mundo, sino todo lo contrario.

El trabajo es una bendición divina –y mucho más en la época actual de crisis económica- por lo que es también un buen lugar donde muchos desarrollan con acierto el desarrollo de aquello que nos comisiona Cristo al final del Evangelio de Mateo. Con el trabajo debemos contribuir al bien de nuestros semejantes, siendo un sustento digno para todo cristiano y base para la predicación del Evangelio a toda criatura.

Finalmente, otras personas se dan al trabajo voluntario como manera de expresar su compromiso con aquella afirmación de Cristo de que no le dimos de comer cuando estaba hambriento ni de beber cuando estaba sediento, siendo éste un método adecuado para propagar el Evangelio, que debe ser el fin de toda acción que desarrollemos.

Aunque cada uno de nosotros puede haber escogido uno o más de uno –o incluso alguno no enunciado arriba- de los caminos para cumplir aquello a lo que Jesús nos exhorta, de lo que no debemos dudar es que debemos cumplir su exhortación. Debemos mostrar a Cristo en el mundo, debemos ser la sal del mundo y la luz que no se apaga.

El objetivo de este año,en consecuencia, debería ser predicar a Cristo a toda criatura, tal y como el Señor Jesús nos dijo. Debemos reflexionar sobre si lo estamos haciendo y tomar las decisiones adecuadas para poder cumplir su Palabra, porque por sus frutos nos conocerán.