Renovarse o morir

«Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá» (Juan 11:25).

Cada uno de nosotros vive en medio de unas circunstancias únicas. Desde que nacemos hasta que morimos caminamos por un mundo lleno de vicisitudes. Los hay que consiguen tener maravillosas familias, otros fracasan en el intento; algunos logran gran fama en sus trabajos, otros simplemente pasan desapercibidos.

Con la crisis económica actual muchas personas tienen una existencia dura que, con suficiente esfuerzo, se acerca al nivel de supervivencia. Otro tipo de gente vive en la opulencia material mientras que se autodestruye en lo espiritual. Cada persona es única e irrepetible y pasa por una serie de características y peculiaridades que marcan su recorrido vital. A esto añadimos un sinfín de situaciones y lugares irrepetibles que impresionan a cada persona y la moldean hasta cambiar su carácter. Tantos y tantos factores dan como resultado una persona especial.

Ahora bien, todas estas diferencias no son capaces de esconder una realidad universal. Tal como nacemos somos llamados a morir. Algunos sabiéndolo dedicaran su vida al goce y al disfrute, otros preferirán buscar respuestas para un más allá que consideran eterno. Para todos nosotros hay una realidad indiscutible y depende de algo tan simple, y tan maravillosamente complejo, como la estrecha línea que separa la vida de la muerte. Como seres frágiles que somos estamos expuestos a la destrucción de manera constante.

Aunque no hay escapatoria a la muerte, ¿qué podemos hacer para alcanzar una existencia más plena y duradera que ésta, la terrena? No hay otro camino que la renovación. Nacer de nuevo implica, según nos relata la Biblia, nacer espiritualmente otra vez. Esto es únicamente posible cuando Dios nos llama para que depositemos nuestra fe y esperanza en su Hijo Jesucristo. Leemos en el encabezado de este artículo la promesa de Cristo Jesús. Quien crea en Él no morirá, sino que tendrá vida eterna. Esta es la maravillosa promesa que nos hace escapar del dolor en esta vida y de la muerte. Tan sólo confiando en que Cristo Jesús ha vencido a la muerte y ha derrotado al pecado y Satanás podemos estar seguros de que nuestra vida se salvará. No sólo alcanzaremos la vida eterna en felicidad y amor eterno, sino que también creceremos en santidad en esta vida y seremos colmados con paz y felicidad para nuestras almas.