Nuestro líder, Jesucristo

A un día de la celebración en España de la Jornada Mundial de la Juventud católica-romana sigue la polémica en torno a su financiación e idoneidad.

Como cristianos evangélicos españoles nuestra reacción ante la JMJ es de indiferencia, molestia y curiosidad. Indiferencia porque es un acto que pertenece a otra confesión religiosa y por tanto no nos afecta, molestia porque supone un ejercicio más del papismo socio-político-cultural español, y de curiosidad porque no deja de tener cierto interés ver cómo reacciona la población ante la visita papal.

La identificación enfermiza que en España se produce entre papismo y defensa de la Nación y los principios patrios es muy perjudicial. Desde hace años, a pesar de la creciente secularización de la sociedad, la figura del Papa y el catolicismo romano aparece como un factor político relevante, para bien o para mal.

Gran parte de los problemas por los que atraviesa España provienen de la larga tradición papista que impregna a todas las capas sociales e instala un pensamiento paternalista y lleno de ideas perniciosas, compendio de lo cual es la denominada «doctrina social de la iglesia católica-romana».

Si por algo se caracteriza el papismo es por su afán de adorar a un hombre, su constante búsqueda del mesianismo político y la idolatría del líder. Para el pensamiento papista el buen líder es capaz de solucionar todos los problemas y viene a ser como una especie de salvador político-social.

Lamentablemente, esta idea no deja de ser una pobre imitación del oficio real de Cristo. De hecho, para los papistas, el pontífice romano se identifica propiamente con Cristo, ya que actúa como su vicario (es decir, «que tiene las veces, poder y facultades de otra persona o la sustituye», según el diccionario de la RAE). De esta manera, el papista ve en el liderazgo de un hombre el culmen de las aspiraciones sociales y personales de bienestar a través de la confianza y la obra de este mesías-líder.

Esta visión, mil y una veces repetida por sectas, regímenes políticos totalitarios y empresas poco dadas a la libre competencia, impregna a la mayor parte de países que provienen de un trasfondo cultural católico-romano.

En este sentido, España es la quintaesencia del pensamiento papista y, como podemos ver en la prensa, mientras unos alaban al líder-Papa, otros lo critican porque quieren otro líder diferente. Unos y otros desdeñan, por tanto, la libertad personal, la responsabilidad individual, la reflexión, el autoexamen y sobre todo la capacidad del hombre de ser responsable de sus actos.

Si algo nos enseña la Escritura es que el hombre por sí mismo no es nada y las ideologías y los príncipes de este Mundo no son capaces de acercarnos la felicidad ni de traer la verdadera paz a los hombres. Como está escrito «maldito el hombre que confía en el hombre; pero bienaventurado sea el hombre que confía en el Señor». Esta es la realidad de la Escritura. El hombre es responsable, es independiente y ha de responder individualmente ante Dios. La confianza del hombre ha de estar depositada en su Creador, en la obra redentora de Jesucristo; en nada ni en nadie más.

Cuando veamos a miles de personas aclamar al papa en las calles o a otros tantos desfilando pidiendo su marcha, veremos que tantos unos como otros los que buscan es el liderazgo que les ayude a no tener que ser responsables y decidir por ellos mismos. Todos, papistas y progresistas, no quieren tener que buscar dentro de ellos mismos y ver que no hay nada que les salve del pecado y la muerte y ni unos ni otros quieren tener que reconocer que ellos no son nada, que sólo Cristo puede darles la vida y la paz. En definitiva no quieren reconocer que el hombre es un fracaso y que necesita a Dios desesperadamente.

Tanto unos como otros prefieren escuchar las palabras dulces y envenenadas de Satanás que les dice que el hombre es maravilloso y que la humanidad es capaz de cosas maravillosas. Se trata del engaño del Tentador: el humanismo, que tanto daño ha hecho a la humanidad.

Mientras tanto, los cristianos sabemos que tenemos un líder divino que nos amó y nos salvó de esta humanidad caída, y que nos ha prometido un Mundo nuevo libre del pecado y de las ideologías erróneas de los hombres. De todas.