El asesino de Noruega

El mundo entero sigue conmocionado por la masacre acaecida en Noruega el pasado viernes. El que, hasta ahora, parecía un país de ensueño y paz se ha convertido en un lugar de pesadilla.

A día de hoy parece claro que el autor es un noruego llamado Anders Behring. Hasta aquí el único dato realmente objetivo que leemos en la prensa mundial. Partiendo de este hecho se ha escrito mucho sobre el presunto autor, y poco sobre el dolor de las víctimas, enfatizando la ideología y creencia de este ser despiadado. Sin duda se ha hecho con la intención de dañar al cristianismo. De nuevo un hecho luctuoso se convierte en un trampolín para el pensamiento ateo moderno que distribuye la ideología de que toda religión es mala por sí misma.

Podríamos hablar largo y tendido acerca de lo que dice la Biblia sobre el asesinato de inocentes o la perpetración de masacres. Todos estaríamos de acuerdo en que el Señor condena explícitamente el asesinato, no sólo en el Decálogo, sino en múltiples versículos de la Escritura. Se escuda el autor de la masacre en la necesidad de combatir el islam y despertar la conciencia de occidente contra esta religión de exterminio. Como cristianos estamos de acuerdo en la peligrosidad del islam y su influencia perniciosa en el mundo; pero también debemos concluir que es muy peligroso el fanatismo de cualquier ideología humana.

Flaco favor ha hecho este asesino noruego al cristianismo conservador o a la ideología política conservadora ligando su acto execrable a ellos. Muchos nos opondremos a que los medios de comunicación, y la sociedad en general, hagan esta asociación pero, desgraciadamente, por mucho que lo combatamos, vamos a tener perdida la batalla de antemano. La sociedad atea moderna está deseando demostrar su teoría de la perniciosidad de las religiones, y especialmente del cristianismo, a cualquier precio.
Por mucho que quieran ligar este atentado y masacre con el cristianismo, y por mucho que el autor así se justifique, no encontramos nada en la Palabra de Dios que le dé la razón y, quizás, tengamos que buscar más en las conexiones entre su pertenencia a la masonería y su adscripción a ideologías supremacistas pangermánicas como detonantes de esta catástrofe.

A estas alturas pocos reparan en el dolor de los familiares de las víctimas, o la compasión que debemos llevarles como cristianos. Noruega es un país altamente secularizado; pero cuenta con una sana comunidad cristiana establecida en el cinturón bíblico del oeste del país. Es esta comunidad la que ha de demostrar cuál es el verdadero mensaje de Jesucristo, Nuestro Señor, y como la Biblia puede traer consuelo, paz y amor a la vida de los hombres. Es el mensaje de Cristo, inocente crucificado, muriendo por los pecadores, el que ha de brillar en Noruega y no la de un «cristianismo» pangermánico que nos habla de un Cristo nórdico, más parecido a Odín que a nuestro Señor Jesús, y que sólo trae odio, destrucción y muerte.