Rosa

«Crea en mi, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.» (Salmo 51:10)

Si hay algo que Dios valora especialmente es la sinceridad. La autenticidad y la pura y cristalina verdad es una de las virtudes que adornan a los santos de Dios. Los creyentes deben trabajar arduamente para mantener la verdad como emblema de su pureza.

Reconocer que nos gusta coquetear con la mentira es difícil y duro para nosotros. Pero muchas veces utilizamos (yo lo reconozco) la mentira para salir del paso. Nos escudamos en la falsedad para salvarnos del juicio, del dolor o del castigo, sea este merecido o no.

Dios está esperando que abandonemos esta costumbre horrible a sus ojos, que destruye la senda de santidad que debe seguir nuestra alma. Es la mentira una de las siete cosas que aborrece el alma del Señor (cf. Proverbios 6:17). Debemos trabajar con denuedo para restablecer la verdad en nuestra vida. Tan sólo si buscamos el auxilio de la Gracia divina y el infinito Perdón que Dios nos ofrece podemos salir victoriosos de esta batalla contra la mentira.

Recordemos que, según la Escritura, Satanás es padre de mentira, por tanto si obedecemos al Enemigo estamos abandonando a nuestro Padre celestial. Tenemos que acudir a los pies de Cristo para buscar perdón y salvación frente a las redes tejidas por Satanás.

Una vez que reconocemos nuestro pecado, y nos arrepentimos, podemos encontrar el perdón de Dios que restaura nuestras almas. Quiera Dios que todos lo hallemos.