Catástrofe en Japón

Lo que ocurre en Japón nos recuerda que la humanidad, por mucho que progrese tecnológica e intelectualmente, aún vive a merced del poder de Dios y de la fuerza del pecado. Nadie puede quedarse impasible ante las imágenes de destrucción y muerte que emiten las televisiones y los medios de Internet de todo el mundo. Tampoco respiramos tranquilos sabiendo que se cierne sobre la población una amenaza nuclear.

Muchos en estos momentos buscan culpables y explicaciones a la tragedia y restan sin respuesta sumidos en la confusión. La realidad es que a veces no tenemos la respuesta correcta. Está claro que es la soberanía de Dios la que decreta todo lo que ocurre en la tierra, por muy injusto y doloroso que pueda parecernos. No obstante, no es Dios culpable del mal que ocurre en el Mundo, ya que es culpa del hombre (cuando pecaron Adán y Eva) que la corrupción, destrucción y el mal sean una constante viva. En palabras del apóstol Pablo, es la creación quien gime con dolores de parto a causa del pecado. Todos estamos sometidos al reino de muerte y destrucción del pecado, instigado por Satanás. Dicho esto, y a tenor de las enseñanzas del libro de Job, el sufrimiento y el mal que sobrevienen a los hombres puede nacer de dos orígenes, a saber, el juicio divino contra la humanidad o el sufrimiento injusto del que desconocemos su origen, dado que nos es oculto a nuestro razonamiento.

Es difícil encuadrar lo que está sucediendo en Japón en una de las dos categorías anteriores; pero lejos de estas disquisiciones sobre su origen y causas tenemos que buscar la esperanza verdadera para salir de la catástrofe. Este hecho nos recuerda que nuestro paso por la tierra es breve y accidentado, que el mal no ha desaparecido y que nuestra tecnología apabullante sigue siendo insuficiente para darnos la felicidad y el bienestar eternos. Aún la muerte y el dolor reina y la destrucción es una realidad muy palpable. Dios ha provisto una forma de escapar de este sufrimiento. La única vía de salida de la muerte es la salvación por su Gracia en Cristo Jesús. Él también padeció una dura vida y una muerte violenta y cruel. Con su muerte nos liberó del pecado y la destrucción y abrió el camino para la vida y la felicidad eterna.

Japón y el Mundo están viviendo horas tristes y amargas y muchas serán las manos amigas que se desvivirán para ayudar en la catástrofe. Aún así, si no buscamos a Dios en la tragedia, si no buscamos la poderosa mano amiga de Cristo, no escaparemos a la tragedia final de esta vida, que es la muerte y el sufrimiento eterno.