Pat Robertson

"He aquí que el nombre de Jehová viene de lejos; su rostro encendido, y con llamas de fuego devorador; sus labios llenos de ira, y su lengua como fuego que consume." (Isaías 30:27)

 

Hace poco menos de quince días que el reverendo Pat Robertson volvió a escandalizar al mundo con unas polémicas declaraciones: el terremoto en Haití era producto del castigo divino contra un pueblo de idólatras. Las reacciones a estas declaraciones no tardaron en llegar. Líderes cristianos conservadores y liberales e incluso líderes políticos americanos volvieron a calificar a Robertson de pretencioso, extremista y radical.

Para quien no conozca a Pat Robertson le informo que se trata de un "telepredicador", presentador del celebérrimo programa magazine cristiano "Club 700". Próximo al partido republicano se presentó a las nominaciones de 1988 para candidato a la presidencia. De convicciones, teológicas y políticas, muy conservadoras, se opone al islam, la masonería, el judaísmo y la homosexualidad. Su teología es de corte fundamentalista y arminiana (opuesta a las enseñanzas reformadas o calvinistas).

Personalmente no coincido totalmente con la visión teológica ni política de Robertson. Ambos somos conservadores pero no por ello vamos a coincidir en todo lo que pensamos en política o en las interpretaciones bíblicas. Sobre las declaraciones de Haití, a pesar de que para muchos hayan sido escandalosas, considero que no son tan descabelladas. Nuestro Dios es Señor de la historia y juzga a los individuos y a los pueblos por sus acciones. Evidentemente no podemos afirmar categóricamente cual es la voluntad del Señor, y es posible que en este caso lo ocurrido en Haití no responda a un juicio derivado de las creencias satánicas y vudú de aquél país. Las palabras de Robertson pueden parecernos muy fuertes pero no por ello podemos esconder el juicio y rigor de Dios. Para muchos cristianos el Dios de amor no puede ejecutar sus juicios con ira y venganza, pero se equivocan al decir algo así. La Palabra de Dios deja claro que si no hay arrepentimiento el juicio y la destrucción acabará cayendo sobre el pecador.

Ahora toca que cada uno de nosotros ayudemos a Haití como podamos en función de nuestras posibilidades. Pero la ayuda que debemos darles no es meramente material, también necesitan, y con urgencia, ayuda espiritual para que, dejando su mal camino, conozcan a quien es realmente su Salvador: a Jesucristo Nuestro Señor.