Resurección de Lázaro, por Juan de Flandes

"También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito" (Hechos 8:13)

 

A todas luces podemos ver que la época, tan especial y maravillosa, de señales y milagros de los apóstoles hoy en día, por desgracia, ha pasado: No vemos cojos caminar, muertos resucitar, tempestades calmarse y un largo etcétera.

Para muchos la época de los dones pneumáticos (dones del Espíritu santo) ha pasado y ahora vivimos en una aburrida época de realidades sencillas: Dios ya no obra de manera especial entre su Pueblo.

Es cierto que en sentido estricto no podemos hablar de una época de señales y milagros para referirnos a nuestro siglo. Aún así, Dios sigue obrando de manera sobrenatural en muchas ocasiones. Milagros y maravillas aún se producen en el mundo. La razón de la disminución de los milagros es doble: Por un lado la época apostólica ha acabado y nos encontramos ante un período postapostólico y preparusía (previo al regreso de Cristo), por otro la fe flaquea en la Tierra. Como Nuestro Señor Jesucristo dijo si tuviésemos mucha fe moveríamos montañas.

A pesar del panorama actual yo sigo sintiendo a Dios obrar de manera extraordinaria en mi vida y estoy muy seguro que Dios también obra de manera especial en la tuya. Tan sólo necesitas observar cuidadosamente los hechos que trancurren en tu vida, fijarte en esas supuestas casualidades que te ocurren. Detrás de todo esto está la mano de Dios y, sobre todo, detrás de la salvación de situaciones que parecían perdidas en el último momento.

Jesucristo es Maestro de las causas perdidas y de los milagros de último momento. Dios te está llamando para que Jesucristo entre en tu corazón, en el momento que seas llamado notarás su mano fuerte y sus muchas bendiciones. Cuando Dios te cubra con la sombra de su Espíritu y el amor de Jesucristo empape tu alma el mayor milagro de todos ocurrirá: Un pecador será salvado de la muerte y la infelicidad. La Jerusalén celestial y eterna tendrá un nuevo inquilino.