Día de reposo

Uno de los mandamientos más olvidados en la actualidad es el que nos instruye sobre el día de descanso. El domingo es un día santo para el Señor y tenemos que dedicarlo a reflexionar sobre la vida santa.

En la actualidad, por desgracia, el domingo es un día más para muchas personas. Trabajan, estudian, siguen con sus preocupaciones diarias... No hay ninguna diferencia con el resto de los días. Pero Dios no quiso que fuera así...

"Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó." (Éxodo 20:11)

La civilización moderna ha impuesto unos patrones de conducta a los que es muy difícil sustraerse. Muy poca gente es cristiana y, por lo tanto, muy pocos tienen en cuenta el Día del Señor.

¿Qué tenemos entonces que hacer en el Día del Señor? ¿O habría que decir más bien qué no habría que hacer? ¿Por qué fue instituido?

El fin del cuarto mandamiento es que muertos nosotros a nuestros propios afectos y a nuestras obras, meditemos en el Reino de Dios, y como efecto de esta meditación nos acerquemos cada vez más a nuestro Creador. También este día nos es dado para reunirnos en la iglesia para adorarle y para que los trabajadores puedan descansar, de la misma manera que lo hizo Dios al fin de la Creación. Aunque es uno de los mandamientos más despreciados, Dios exigió severamente su guarda a Israel. Así, cuando se queja de la infidelidad del Pueblo de Dios alude a la profanación de sus sábados. De la misma manera, Dios ensalza mucho a los que guardan su mandamiento.

Sin embargo, no debemos guardar el día de reposo de forma supersticiosa como lo hacen los judíos. Porque "nadie os juzgue […] en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo" (Colosenses 2:16). Así pues, tenemos que guardar el día de reposo pero sin supersticiones. Porque nuestro reposo real es Jesucristo (Hebreos 4:9-11) y todos los días tenemos que reposar en Él.