¿A quién pertenece el dinero? (IV): El diezmo en el Antiguo Testamento

Las iglesias necesitan de dinero para subsistir. Alquilar o comprar el lugar físico donde se encuentran, pagar los suministros, el mobiliario y su mantenimiento, además de toda la obra social que pueden llevar a cabo como parte complementaria a su función evangelizadora.

En muchas iglesias evangélicas se ha establecido que cada fiel ha de diezmar, esto es, dar periódicamente el 10% de sus ingresos a la congregación, a fin de colaborar con la sostenibilidad de su iglesia. A continuación analizaremos qué dice la Biblia acerca del diezmo y del sostenimiento financiero de la iglesia por parte de sus fieles.

Argumentos básicos a favor del diezmo

El argumento básico a favor de la práctica del diezmo es que en el Antiguo Testamento el diezmo era una institución muy importante y que no era sólo parte de la Ley, sino que la trascendía, dado que ya antes de que Dios revelara la Ley al pueblo de Israel, Abraham y Jacob habían diezmado. De este hecho, se seguiría que el diezmo no forma parte de la Ley y que, por tanto, deberíamos seguir realizándolo, a diferencia de las prácticas de la Ley mosaica, que quedaron cumplidas en Jesucristo.

La dádiva en la era premosaica

Génesis 4 registra el primer caso de ofrenda relatado en el Antiguo Testamento. Los hijos de Adán, Caín y Abel, realizaron ofrendas voluntarias a Dios. Del texto no se infiere que fueran una décima parte de nada; el único requisito que parece que Dios impuso fue que fueran sacrificios de animales (y es por esta causa por lo que no aceptó la ofrenda de Caín).

Génesis 8 relata la ofrenda que realizó Noé tras el diluvio universal. De nuevo, la ofrenda es voluntaria y no parece ser una décima parte de nada.

El primer lugar donde la palabra «diezmo» aparece en el Antiguo Testamento se encuentra en Génesis 14:

«Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey.
Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo.
» (Génesis 14:17-20).

Dios le había dado a Abram una gran victoria en la batalla y le dejó tomar una parte del botín. Al volver a su hogar, Abram se encontró con Melquisedec, sacerdote del Dios altísimo (y del que la epístola a los Hebreos habra largo y tendido) y le dio una décima parte del botín (véase Hebreos 7:4 al respecto). Nótese que la ofrenda era voluntaria y única, dado que no consta que Abram diera de forma periódica ningún tipo de diezmo, sino que lo dio una sola vez por gratitud hacia Dios por la victoria.

En dos ocasiones más se hace referencia a un diezmo en el Génesis. En el voto de Jacob (véase Génesis 28) y en el diezmo al Faraón (véase Génesis 47). En el primer caso, el diezmo fue voluntario, mientras que en el segundo era obligatorio, al ser una suerte de impuesto para prevenir la próxima hambruna. Por tanto, el Génesis nos relata dos diezmos diferenciados: el diezmo a Dios, que era libre y una muestra de agradecimiento, y el diezmo al Faraón, que era obligatorio.

La dádiva obligatoria en la era mosaica

Dios estableció no uno, sino varios impuestos a los israelitas:

  • El diezmo a los levitas, que se encargaban del Templo y no tenían ninguna manera de ganarse la vida. El diezmo era el 10% de los animales y de los productos agrícolas (véase Números 18).
  • Dios, en Deuteronomio 12:10-11.17-18, ordena a los israelitas llevar todas las ofrendas y sacrificios a Jerusalén.
  • Deutoronomio 14:28-29 relata que cada tres años se han de diezmar los productos de ese año, a fin de dárselo a los huérfanos, a los extranjeros y a las viudas.
  • Además, los judíos, al segar, no podían segar toda su tierra, ni podían recoger todos los frutos que se caían al suelo. Tenían que dejar algo para los pobres (véase Levítico 19:9-10).
  • Cada siete años, según relata Éxodo 23:10-11, la tierra debía reposar.
  • El impuesto para el mantenimiento del templo.

La suma de estos impuestos era mucho mayor que el 10%. Todos estos impuestos eran obligatorios para sostener a los levitas (que no tenían tierras y que se encargaban del Templo) y para ayudar a los desfavorecidos.

La dádiva voluntaria en la era mosaica

La dádiva voluntaria convivía con la dádiva obligatoria en la era mosaica. A continuación citaremos algunos fragmentos del libro del Éxodo donde se habla de ella.

«Y habló Moisés a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: Esto es lo que Jehová ha mandado:
Tomad de entre vosotros ofrenda para Jehová; todo generoso de corazón la traerá a Jehová; oro, plata, bronce.
» (Éxodo 35:4-5)

«Y vino todo varón a quien su corazón estimuló, y todo aquel a quien su espíritu le dio voluntad, con ofrenda a Jehová para la obra del tabernáculo de reunión y para toda su obra, y para las sagradas vestiduras. Vinieron así hombres como mujeres, todos los voluntarios de corazón, y trajeron cadenas y zarcillos, anillos y brazaletes y toda clase de joyas de oro; y todos presentaban ofrenda de oro a Jehová.» (Éxodo 35:21-22)

«De los hijos de Israel, así hombres como mujeres, todos los que tuvieron corazón voluntario para traer para toda la obra, que Jehová había mandado por medio de Moisés que hiciesen, trajeron ofrenda voluntaria a Jehová.» (Éxodo 35:29)

Conclusiones

En consecuencia, en el Antiguo Testamento había dos dádivas: la obligatoria, que tenía un fin concreto (era un impuesto) y la voluntaria, que es la que realizaron los Patriarcas y de la que se da cuenta en los textos precitados del Éxodo.
En el próximo artículo de esta serie analizaremos la dádiva en el Nuevo Testamento. Además, explicaremos las conclusiones que, en base a nuestro análisis, nos merece la práctica del diezmo obligatorio para sostener a las iglesias.