| Las adicciones en el cristiano |
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| Escrito por Moisés Gómez | |
| Domingo, 06 de Junio de 2010 13:58 | |
"El fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal" (Filipenses 3:19) Satanás siempre ha tentado al ser humano, que por naturaleza es un ser caído y pecaminoso, y ha conseguido que cayera en el mal una y otra vez. Las argucias del Maligno son múltiples y variadas, pues tiene harta experiencia en tentar al hombre. Hoy, trataremos en este artículo sobre las adicciones y sus consecuencias. Las adicciones, igual las antiguas que las nuevas, tienen la misma consecuencia: la separación del hombre de Dios. No es un misterio para nadie que las adicciones, especialmente las más graves, son difíciles de evitar, pues los hábitos no son fáciles de cambiar. Pero sí que hay métodos para ir dejando poco a poco estos hábitos dañinos, así como mejorar en aquellos que se dejan de lado. En primer lugar, se ha de ser consciente del problema. Sin diagnóstico no hay solución. Hemos de tener claro también que si no cambiamos lo que hacemos, el resultado será el mismo. Si seguimos haciendo lo mismo obtendremos el mismo resultado. Cuando entremos en contacto con el objeto de la adicción, que ya habremos diagnosticado, hemos de pensar en qué comportamiento nuevo vamos a tener respecto a él. Es muy importante, especialmente en los nuevos tipos de adicciones relacionadas con las nuevas tecnologías, el planificar tareas por objetivos. Por último, siempre que una persona sufre de adicciones otros campos de su vida se resienten: familia, aficiones, trabajo, limpieza… Es hora de que recuperemos lo perdido en esos campos. Durante la dura lucha que siempre tenemos que sostener contra el pecado, imitemos en todo caso a Cristo y acordémonos de lo que dice el Apóstol: "entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás" (Efesios 2:3). |


