Un ejemplo a seguir E-mail
Escrito por Sergio Moliner   
Miércoles, 14 de Abril de 2010 17:11
Horatio Spafford

"Entre tanto que éste hablaba, vino otro que dijo: Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano el primogénito; y un gran viento vino del lado del desierto y azotó las cuatro esquinas de la casa, la cual cayó sobre los jóvenes, y murieron; y solamente escapé yo para darte la noticia. Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno." (Job 1:18:22)

 

Cuando leemos el libro de Job nos maravillamos de las desgracias que vivió este paciente patriarca bíblico. Muchas personas no creyentes, y desgraciadamente también personas cristianas, consideran la historia de Job una mera fábula moral. Consideran que es imposible que alguien pueda sufrir la pérdida de hijos, posesiones y salud y seguir adorando y esperando la restauración en Dios. Es por ello que hoy he querido escribir acerca de un hermano en la fe, que hoy está con el Señor, pero que fue un Job contemporáneo del siglo XIX.

Horatio Spafford era un famoso abogado nacido en Nueva York. Durante varios años se dedicó a la compra de inmuebles en Chicago, donde se había establecido con su esposa Anna. El 8 de octubre de 1871 perdió todas sus posesiones en el Gran incendio de Chicago. Dos años después intentó reponerse de la pérdida y decidió, junto con su esposa y cuatro hijas pequeñas, pasar las vacaciones en Inglaterra junto a su amigo el reverendo D. L. Moody.

Su esposa e hijas partieron rumbo a las islas en el barco Ville du Havre mientras él ultimaba unos negocios. El barco en el que viajaba su familia naufragó en el Atlántico pereciendo sus cuatro hijas. Recibió un telegrama de su esposa, superviviente, desde Inglaterra, comunicándole la noticia. Inmediatamente partió hacia Gran Bretaña.

Camino de su destino, en mitad del océano, donde habían perecido sus hijas pequeñas, este gran héroe de la fe compuso uno de los himnos más hermosos que existen "It is well with my soul", dando un ejemplo de entereza y fe en Cristo a la altura del patriarca Job.

Repuestos de la tragedia, la familia Spafford aumentó naciendo su primer hijo, aunque la desgracia volvió a golpearles al morir con tan sólo cuatro años.

Su fe incansable y su vocación de servicio a Nuestro señor Jesucristo les llevó a desplazarse a Jerusalén para la fundación de una colonia cristiana. Allí ayudaron a las comunidades judías y musulmanas a conocer al Señor y a desarrollar Tierra Santa.

Aprendamos de este enorme siervo de Cristo a aceptar todo lo que el Señor nos da con humildad y amor, porque como reza el himno que compuso "todo está bien en nuestra alma siempre que tengamos a Cristo".

 

It Is Well With My Soul

When peace like a river, attendeth my way,
When sorrows like sea billows roll;
Whatever my lot, Thou hast taught me to say,
It is well, it is well, with my soul.

Refrain:
It is well, with my soul,
It is well, with my soul,
It is well, it is well, with my soul.

Though Satan should buffet, though trials should come,
Let this blest assurance control,
That Christ has regarded my helpless estate,
And hath shed His own blood for my soul.

My sin, oh, the bliss of this glorious thought!
My sin, not in part but the whole,
Is nailed to the cross, and I bear it no more,
Praise the Lord, praise the Lord, O my soul!

For me, be it Christ, be it Christ hence to live:
If Jordan above me shall roll,
No pang shall be mine, for in death as in life,
Thou wilt whisper Thy peace to my soul.

But Lord, 'tis for Thee, for Thy coming we wait,
The sky, not the grave, is our goal;
Oh, trump of the angel! Oh, voice of the Lord!
Blessed hope, blessed rest of my soul.

And Lord, haste the day when my faith shall be sight,
The clouds be rolled back as a scroll;
The trump shall resound, and the Lord shall descend,
Even so, it is well with my soul.

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Mi alma está en paz

Cuando paz como ríos rodean mi camino,
cuando me arrollan aflicciones como olas del mar,
cualquiera que sea mi suerte,
me has enseñado a decir;
mi alma en paz, mi alma en paz está.

Aunque Satán abofetee, aunque vengan tribulaciones,
debo dejar que me controle esta bendita seguridad:
que Cristo ha tomado en cuenta mi débil estado
y ha derramado Su propia sangre por mi alma.

Mi pecado, ¡oh felicidad suprema de este glorioso pensamiento!
Mi pecado, no en parte, sino enteramente,
Está clavado en la cruz y ya no lo llevó más
¡Alaba al Señor, alaba al Señor, oh alma mía!

Y, Señor, apresura el día en que la fe se hará realidad,
las nubes se enrollen como un pergamino.
La trompeta resuene y el Señor descienda
"ven sí," mi alma en paz estará.

 

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