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Cambiando a Dios E-mail
Escrito por Sergio Moliner   
Domingo, 30 de Mayo de 2010 14:05

"Dios no es un simple mortal para mentir y cambiar de parecer ¿Acaso no cumple lo que promete ni lleva a cabo lo que dice?" (Números 23: 19)

Muchas personas  que se consideran creyentes se esfuerzan en cambiar la voluntad de Dios para sus vidas. La realidad es que ninguno de nosotros, por mucho que se lo proponga, puede cambiar el parecer de Dios.

Desde tiempos inmemoriales las gentes se han esforzado por conseguir que Dios les sea favorable. Ya sea a través de magia, maleficios, oraciones, sacrificios y otros medios los hombres y mujeres que nos precedieron intentaron doblegar la voluntad férrea de Dios.

Actualmente la gente directamente hace de su vida un camino de negación de Dios y de su voluntad.  La sociedad se opone a seguir el consejo divino y camina hacia el precipicio de la autosuficiencia (enorme falsedad moderna). Leemos en el capítulo 23 del libro de Números de la Biblia como el rey Balac intentó cambiar la voluntad de Dios. Enojado con la posibilidad de que el pueblo de Israel, por mandato divino, destruyera su reinado decidió cambiar la voluntad de Dios a través de las artes de un profeta. Balam, así se llamada el profeta, no sólo no cambió la voluntad de Dios, si no que actuó como portavoz del Mismo y le espetó al rey inepto que la voluntad de Dios no era mudable.

Caer en la tentación de cambiar el parecer de Dios es una locura. Sabemos por la Biblia que Dios no es un mortal que cambia de opinión, sus juicios y su voluntad son inamovibles. Es en esta seguridad de que la voluntad de Dios no cambia que tenemos un anclaje firme. Por esta misma voluntad imperturbable Cristo, aún sintiendo próximo el dolor de la muerte, continuó con su propósito y murió en la cruz para salvarnos.

Jesucristo entregó su vida para que nosotros no tuviésemos que sufrir su mismo castigo. En nuestro caso un castigo justificado por la gran cantidad de pecados que acumulamos a lo largo de nuestras vidas. Demos gracias a Dios porque su voluntad no cambia nunca.

 

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